Las consecuencias del PIB cero

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Según las primeras estimaciones que el I.N.E. ha publicado sobre la evolución del PIB en el tercer trimestre de este año, parece que su crecimiento ha sido nulo, cero, para que nos entendamos; la noticia ha ocupado los titulares de la prensa especializada durante muchos días, contribuyendo al sentimiento general de desánimo que nos embarga desde hace mucho tiempo.Siempre que se publican datos sobre magnitudes tan importantes como ésta, o el IPC, o el saldo de la balanza exterior, lo que sea, me asalta la duda de cuál será la reacción de las personas no especializadas en la materia, y cómo reorientarán sus pautas de comportamiento económico en consecuencia. La preocupación es aún mayor al ver la profusión de tasas, porcentajes, estimaciones, etc. con que nos bombardean los especialistas, que a veces consiguen despistar por completo al lector y, sinceramente, no creo que sea ésa su intención, sino más bien un resultado de la deformación profesional y la jerga que utilizan.

Una primera idea que debe quedar muy clara es que el dato no es bueno. Y digo no es bueno, porque no me atrevo a decir que sea malo; me explico. El PIB es una variable que mide el conjunto de la producción de un país, y se calcula mediante estimaciones estadísticas de muy diferentes indicadores de actividad, con unos métodos cada vez más fiables y acertados; pero no es una cifra tan exacta como puede ser, por ejemplo, la temperatura de ebullición del agua a determinada presión atmosférica: una cosa es la ciencia exacta, y otra la aplicación del rigor científico a la economía.

El hecho de que el PIB calculado para el tercer trimestre del año sea prácticamente el mismo que el del segundo trimestre significa que “la tarta general de la economía” no ha crecido en ese trimestre, pero no olvidemos que estamos hablando de 272.000 M € (como digo siempre, para quienes todavía recuerdan las pesetas, 45,3 B. ptas.). Es evidente que la gran cantidad de personas y empresas que están atravesando dificultades muy serias para superar la crisis habrían recibido con mucha más alegría la noticia de un crecimiento de, por ejemplo, el 0,5% para no exagerar, que hubiera significado un PIB de 273.335 M€, aproximadamente; y además, la prensa habría replicado la noticia con toques de euforia, y mucha gente habría elevado esa cifra a crecimiento anual llegando a la conclusión de que en 2011 el PIB podría terminar con un crecimiento de 2,5%; etc. etc. Habría sido otra historia.

Pero lo cierto es que ha sido, o parece que va a ser, un cero. Sin embargo, en mi opinión, considerando la situación general, el impacto de la crisis en todas las facetas de la actividad, el inestable entorno internacional, etc. conseguir 272.000 M€ en un trimestre no está del todo mal; de hecho, según los datos del I.N.E., el PIB acumulado hasta septiembre de este año es un 2,5% superior al del mismo periodo del año pasado (a precios corrientes). Seamos realistas: la economía española tiene una inercia considerable, como corresponde a un país europeo desarrollado, y dispone de mimbres para superar la crisis… si hace los deberes.

Y en esta faceta de hacer los deberes es donde surge la segunda idea que me produce la noticia del crecimiento trimestral del PIB: será mucho más difícil conseguir los objetivos de estabilidad presupuestaria que nos exigen los ahorradores del resto del mundo para seguir financiado nuestras necesidades en los próximos años. No voy a entrar en el inestable terreno de las opiniones políticas sobre los mercados, porque en él cada uno es muy libre de pensar lo que quiera, y seguiré intentando mantener una posición meramente técnica. Para que nos sigan prestando dinero tenemos que parecer serios y, además, ser serios; para ello, el sector público debe cumplir los objetivos de estabilidad a los que se ha comprometido; cualquier otro camino genera riesgos no recomendables.

Como señalé en una ocasión anterior, los países europeos deben reducir los déficits públicos hasta un nivel próximo al 3% en el horizonte temporal más corto que sean capaces, porque ese indicador es el que marca la frontera de las finanzas públicas fiables y, por tanto financiables, y estaba definido en los criterios de convergencia al euro. El plan de reducción del déficit público que se ha marcado el Tesoro español establece que 2011 termine con un déficit público del 6%, 2012 del 4,4% del PIB, y 2013 del 3%.

La aritmética más elemental  establece que para llegar a esas metas hay dos caminos extremos y multitud de senderos intermedios: fuerte crecimiento del PIB manteniendo el mismo nivel de gasto público, o fuerte reducción del gasto público si el PIB no crece; y entre ambos, como he dicho, mezclas de ambas cosas en diferentes proporciones: reducción de gasto público simultáneo al aumento de la actividad.

Hablando más claro todavía: para cumplir  los compromisos con quienes nos prestan el dinero que necesitamos para mantener nuestro sistema de vida, cada 10.000 M € que no crezca nuestra economía los próximos 9 trimestres, exigirán una reducción adicional del gasto público de 1.000 M €, para seguir contando con la confianza exterior, y esa reducción adicional tendría un coste social muy elevado; pero es que, por desgracia, no creo que ni el resto del mundo, ni la famosa “prima de riesgo”, tengan tanta paciencia, así que cada trimestre que incumplamos nuestro propio plan, aumentarán las dudas sobre la sostenibilidad de la situación y las dificultades generales; por tanto, si no queremos vernos envueltos en una espiral semejante a los otros países mediterráneos, cuanto antes se corrija la situación, mejor.

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  1. OTRAS POSIBILIDADES:

    1) Cambiar de sistema de vida.

    2) Reducir la dependencia del exterior.

    3) No recurrir al préstamo de dinero ajeno que nos endeuda.

    4) Poner en producción recursos endógenos que no se utilizan.

    5) Reducir el despilfarro: solo en comida y en residuos que se tiran sin aprovechar, se pierden millones de euros.

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