Cuando hablamos de cuestiones económicas utilizamos tantos datos que a veces nos perdemos entre los árboles, sin saber que estamos en un bosque. Los economistas, especialmente, disfrazamos las cosas, nos atrincheramos en nuestra jerga y creemos que se nos entiende, aunque, a veces, ni nosotros mismos sabemos la realidad de la que hablamos. Algo así está pasando con la crisis de deuda pública, especialmente la griega, que tantos quebraderos de cabeza lleva dándonos estos años.Se habla continuamente del porcentaje que el déficit público supone en el total del P.I.B., y se desarrolla toda una teoría acerca de si hay que llegar al 3% o al 5% y cuándo. Por supuesto, inmediatamente salen a relucir las opiniones políticas de cada cual acerca de lo que debe hacer, o no, el gobierno de cada país, la dictadura de los mercados, las agencias, etc., etc. Como siempre, intentaré quedarme al margen de ese debate, pero intentaré aportar unos datos que, aun siendo tremendamente simples, puestos unos al lado de otros dan una imagen muy clara de lo que podríamos llamar “el problema griego”; o, al menos, a mí me parece que son claros.

Tomando como punto de partida los datos que proporciona Eurostat, y asumiendo que sean correctos (que, por cierto, a la vista de recientes informaciones es mucho suponer en el caso de más de un país bajo sospecha) se observa que los diferentes gobiernos griegos de los últimos 11 años han sido “derrochadores” en grado sumo:

−    Desde el año 2000 hasta 2010 (último para el que hay datos) los gobiernos griegos NUNCA han terminado el ejercicio con el presupuesto público equilibrado, es decir, cada uno de esos 11 años han gastado más de lo que ingresaron.

−    Algunos países sí han equilibrado las cuentas públicas en diferentes momentos del período 1996 – 2000, habiendo ciertos casos de alumnos especialmente aplicados: Dinamarca, 9 años; Irlanda 10, y saliendo con bastante rapidez de la crisis de confianza;  Luxemburgo, 13; Holanda, 5; Finlandia, 11; Suecia, 10; Reino Unido, 3; Noruega, los 6 últimos años, para los cuales hay datos. No es extraño que casi todos estos países disfruten de una excelente calificación crediticia, y paguen menos por el ahorro que necesiten.

−    El resultado agregado de la gestión presupuestaria pública de los gobiernos griegos desde el año 2000 suma un exceso de gasto sobre ingresos de 163.000 M €, es decir, de una cantidad equivalente al 60% del P.I.B. griego.

−    Para financiar ese continuo exceso de gasto público sobre recaudación, los gobiernos griegos han ido emitiendo deuda pública a diferentes plazos y condiciones, según la situación de los mercados internacionales en cada momento, alcanzando un saldo total vivo a 31 de diciembre de 2010 de 329.000 M €, es decir, 1,34 veces el P.I.B. de ese año.

−    O sea, el resto del mundo (que es quien financia la mayor parte de ese gasto excesivo) esperaba recuperar en algún momento los 329.000 M € que había prestado a los gobiernos griegos (datos de diciembre de 2010).

−    Y, por último, como se sabe, los prestamistas privados (desde agresivos tiburones financieros sin escrúpulos ni moral, hasta simples ahorradores y pensionistas a través de los fondos y seguros) han tenido que renunciar a un 53% del cobro esperado si desean recuperar la parte restante, en un calendario mucho más largo que el inicial; es decir, cobrarán la mitad del dinero que prestaron, y mucho más tarde.

−    Por si ha pasado desapercibido entre tanto número, lo repito: quienes prestaron dinero a los gobiernos griegos han debido renunciar a más de 100.000 M € (16,6 B ptas.: 16.600.000.000.000 ptas.)

−    Por si fuera poco, además de esos 100.000 M € perdidos, el alargamiento del plazo de devolución del resto de la deuda hasta 2020, junto a la bajada del tipo de interés al 3,65% les hará perder en total el 75% de su inversión.

No me extraña que “el trasquilón” (del que he hablado en otras ocasiones) haya molestado a más de un inversor y se espere de los políticos griegos más rigor en la gestión de las cuentas públicas, aunque les cueste votos, porque el largo camino que han seguido hasta ahora es insostenible; y tampoco debería extrañar que una delegación del Fondo Monetario Internacional, del Banco Central Europeo y la Comisión Europea supervisen la ejecución presupuestaria griega, posiblemente porque los políticos locales no parecen muy fiables a este respecto, y quien paga… manda.

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