Recaudar ante todoTantas veces nos han contado y hemos leído lo que es la desviación de poder que nos sabemos de memoria la definición del actual artículo 70.2 de la Ley de la Jurisdicción Contencioso-Administrativa. Es pena que las Administraciones, especialmente cuando están preocupadas por recaudar, no la tengan presente y que la mayoría de los tribunales sean tan timoratos o miopes que no la acierten a ver entre la oscuridad de los casos que se les presentan.

En épocas de crisis, de previsible déficit, de endeudamientos locales exorbitantes, la voracidad recaudadora se incrementa y cualquier céntimo que brille es objeto de atención y de deseo por los responsables de las arcas públicas.

Cuento dos ejemplos ilustrativos, que no por conocidos de todos deben dejar de silenciarse, al menos hasta que no se corrijan. El uno, es una vivencia personal. El otro, un sucedido reiterado a una persona próxima.

Comienzo por el primero. Acabo de jubilar un coche añoso que, en el último bienio, me dejó tirado en la carretera cuatro o cinco veces, con la posterior sangría de los talleres, que esa es cuestión digna de otro comentario, porque no sólo es un tema de mecánica sino de dejación de funciones inspectoras. Pero a lo que voy: en todas esas ocasiones en que me quedé al peligroso cobijo de un arcén, en diferentes provincias, a muy diversas horas de distintos días de la semana; en ese tiempo en que aguardé la ayuda en carretera, la grúa o lo que fuera, jamás –y tengo pruebas- pasó por delante de mí un solo agente de tráfico. Soledad total en lo que a uniformes y motos policiales se refiere. A veces, lapsos de una hora en autovías o carreteras de incesante circulación; pero nada. Como para acordarse de la parábola del buen samaritano, donde tampoco pasa ningún guardia. Lo malo no se acaba aquí, a mi entender, sino que comienza. Todas esas veces, en el trayecto en el que me remolcaban, sí que encontré vehículos de dos y cuatro ruedas con matrícula oficial. Curiosamente, siempre apostados en las inmediaciones de restaurantes donde los comensales pueden excederse al beber en comidas y cenas. Dicen las malas lenguas –esto ya no es de mi cosecha- que los locales que organizan bodas, bautizos y otros banquetes, cuentan con atención preferencial. Lo veo justo y necesario, pero nunca a costa de desatender otras obligaciones como estar pendientes de los desvalidos y accidentados. Me temo que he tenido mala suerte con el cálculo de probabilidades, pero lo cierto es que multar es una actividad que supone un ingreso para la Administración y lo demás, no. De ahí mi queja y mi preocupación, que poco tienen que ver con los disciplinados funcionarios que se limitan, a buen seguro, a cumplir órdenes.

El segundo caso es moneda corriente y hasta con cierto soporte normativo. Vale para muchas entidades recaudadoras pero el caso concreto que conozco bien es el de una Diputación provincial que tiene encomendada la recaudación del IBI de pequeños Municipios. Una persona vende una finca en uno de esos términos y lo hace con todos los sacramentos registrales y de transmisión catastral. Pues bien, al ejercicio siguiente, como es sabido, si el adquirente no ha facilitado una cuenta bancaria, el recibo se gira al anterior propietario, si lo tenía domiciliado, pese a que la Administración sabe que ha habido una transmisión y que el sujeto adquirente es imposible que tenga la misma cuenta bancaria que el vendedor. Pero lo hace un año sí y otro también si nadie protesta, con la inestimable ayuda de algunas entidades de crédito que ni se molestan en comprobar nada a la hora de cargar a la cuenta de fulano un recibo a nombre de mengano. Todo por la pasta. Alguna vez he oído alguna queja relacionada con este asunto a una organización de consumidores y usuarios. Pero han logrado poco eco porque tal práctica, tan poco edificante, sigue reiterándose. Lo curioso es que genera, a la fuerza, una gestión gratuita por parte del perjudicado que se ve obligado a localizar a quien fuera su comprador para que aporte a la entidad recaudadora los veinte dígitos de marras.

¡Cuánto nos queda por batallar en lo que García de Enterría llamó lúcidamente la lucha contra las inmunidades del poder!

1 Comentario

  1. Estas cosas quedan como anecdóticas si son eso: meras anécdotas.

    Pero intuyo que no lo plantea como anécdota, sino como regla con escasas excepciones y por ello; entre otras numerosas causas; nos dirigimos a pasos agigantados hacia la conversión del pais en una «República Bananera» de manual, la afuncionalidad de los órganos según algún principio evolutivo los pone en franco riesgo de desaparición.

    Como para que algunos no les de por comenzar a dar giros bruscos hacia la izquierda o hacia la derecha, con las consecuentes consecuencias.

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