Tira palante

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Tira palante

Mi colega ya no se inmutaba, llevaba demasiados años en la profesión y había llegado a aceptar la situación. El Alcalde de su Ayuntamiento (unos ochocientos cincuenta habitantes), Manuel Tirapa Lante era buena persona, había que reconocerlo, y era de esas personas que una vez se metía en algo, no lo dejaba a medias y, por supuesto, no había quien le parase. Quería lo mejor para su pueblo, cómo no. Inútil argumentarle mira Manolo, no hay presupuesto para hacer aquella calle, vamos a hacer si te parece sólo lo que está previsto en Proyecto (cuarta separata con precios actualizados), que las ñapas imprevistas ya van saliendo solas. En un principio lo aceptaba refunfuñando, bueno, haremos el trozo de calle previsto, con su calzada, rígolas, aceras y alcorques y con una buena mezcla bituminosa de siete centímetros. 

Pero claro, se aprueba el Proyecto y se licita la obra y cuando el contratista está en plena faena, surge siempre la misma cuestión: el Sr. Alcalde, viendo que el vial, total por muy poco no conecta con esa otra calle le dice al contratista mira hazme hasta allí… El Secretario, si con suerte llegaba a enterarse del asunto a tiempo (o sea, casi nunca), le reconviene con un leve pero amargo comentario de protesta: mira que no tenemos presupuesto para eso. A lo que la contestación es la esperada en estos casos, no te preocupes, no será para tanto, total por un poco más… y al contratista presente en la reunión, le dice… tú, tira palante, no te preocupes, no le hagas caso a éste, ya se sabe siempre tiene que ver negras las cosas. El Secretario, a la sazón desgraciadamente y por imperativo legal Interventor también, tiene que, a partir de ahí, buscarse la vida para poder pagar el exceso, ciertamente amonestando con relativa firmeza al Alcalde por su, aunque bienintencionado ímpetu, irresponsable forma de proceder. Y claro, le dice, bueno Manolo, harás lo que quieras pero no debes hacerlo, yo voy a dejar un informe en el expediente, no me queda más remedio. Don Manuel, que por lo menos comprende el papel del Secretario, le dice sí, sí, ya sé, no te preocupes, tú escribe lo que tengas que escribir. E insiste diciéndole pero que exagerado eres, Secretario.

Mi ínclito compañero FHE me contaba que ya no le quitaba el sueño este tipo de cosas. Al principio de su carrera, los primeros años, había noches que no conseguía conciliar el sueño. En lo que había estudiado y en lo que le habían dicho en el INAP estaba claro, si no hay consignación el contrato es nulo, Dios mío, qué haremos. Al final, con una especie de una irrazonada intuición, apoyada en argumentos inexistentes o por mejor decir, en la providencia divina (su abuela siempre decía en situaciones límite ‘Dios proveerá’), se decía que por alguna parte saldría el sol, como dicen en las películas americanas cuando está el protagonista hundiéndose con el Titanic en ángulo de 75 grados, todo saldrá bien, mientras sólo consigue proferir ya sonidos del tipo argghh, me ahogo, gluglú. Me recordaba que dos legislaturas antes (la vida profesional del Secretario se cuenta por legislaturas-equivalentes, que, en condiciones normales, son de cuatro años) había tenido otro Alcalde, Fernando Yaque. Éste era del mismo estilo, activo, campechano, bonachón y decidido. Lo único distinto era que éste, en vez de tener por lema tú tira palante su máxima era mire usted, ya-que estamos haciendo esta pavimentación, póngame un tubo aquí, haga aquellos alcorques, es que sabe, el Arquitecto se ha olvidado de ponerlo en el Proyecto, y en vez de esta baldosa que es horrible póngame otra que sea algo más maja….” Etcétera. Siempre con el ya-que por delante. Mismas reconvenciones de mi colega, pero cuánto más va a costar, mira no lo sé, no seas pesado, me ha dicho el contratista que no mucho más, no te agobies. Mismo resultado, ni caso y mismo comentario final, hala, hala, no seas cenizo que ya lo tengo hablado con la Diputación, nos van a pagar el exceso… dónde está la resolución pregunta nuestro buen funcionario, no te preocupes, me lo han asegurado, concluye el Alcalde.

Hay que ver qué triste la vida del pobre.

3 Comentarios

  1. Eso, en cierta forma tiene disculpa.
    Por la zona en que vivo (el Corredor del Henares), un primo del tío Tirapa Lante creo que tiene motivos menos altruistas.
    De hecho hace poco salía en la prensa que en una localidad que actualmente tiene 160 habitantes, el ínclito munícipe iba a sacar adelante un proyecto para la edificación de 5.500 viviendas unifamiliares.
    En éste caso argumentaba que: «claro es que mi pueblo no tiene dotaciones tan necesarias como: Centro de Salud (a 4 kms tiene uno), Farmacia (a 4 kms), Instituto (a 4 kms)».
    El quiere dejar a su pueblo bien dotado (como los bomberos gallegos) para el siglo XXI, quizás hasta para el XXII, porque hay alcaldes que aman mucho a sus pueblos.
    No leí nada al respecto de la inexistencia de aeropuerto por su parte, pero como sea de los Tirapa Lante de toda la vida, Barajas II ya tiene ubicación.
    A mi me parece que hay amores que matan, pero para gustos los colores.

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