Tó er mundo e güeno (o no tanto)

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Tó er mundo e güeno (o no tanto)Ya estamos otra vez. Otras dos noticias provenientes de la TV a través, probablemente, de unos ociosos periodistas que deben llenar espacios a toda costa o a través quizás de becarios con una escasa (o según se mire, importante) imaginación. Noticia número 1: Se han estudiado los parques públicos españoles, estableciéndose un ranking de Ayuntamientos perezosos, negligentes y descuidados.

Se llega a la conclusión de que muchos consistorios son un desastre en cuanto a atención a estos espacios públicos debido al mobiliario roto, suciedad imperante y los peligros que acechan a los tiernos infantes. La noticia queda ilustrada gráficamente con bancos rotos, papeleras partidas, toboganes doblados, columpios torcidos, agujeros en el suelo, cacas de perros, botellas de whisky y de cerveza enteras o rotas y papeles por todas partes además de los consiguientes rastros de efluvios procedentes de involuntarias regurgitaciones orales e inevitables descargas del depósito. Menos mal que aun no se ha inventado el sistema para retrasmitir el olor.

La noticia en caso alguno relataba que en esa misma plaza se reúnen habitualmente los viernes y sábados hordas de chavalería que disfruta de los placeres gastronómicos en forma de snacks o bocatas de urgencia comprados en locales específicos, regados convenientemente al principio con cerveza para posteriormente pasar a los más sutiles sabores de las bebidas derivadas de la destilación en alambique. Indefectiblemente la situación no acaba demasiado bien para la higiene pública.

Pues eso, la noticia es que algunos negligentes Ayuntamientos descuidan gravemente sus deberes, ya que esos lugares están hechos un asco. El/la periodista de guardia entrevista con falso entusiasmo a la indignada madre que acude con su retoño al parquecillo. Son casi las diez de la mañana y la susodicha madre trae cara de pocos amigos ya que probablemente su vástago ha empezado a dar la vara al alba. Se despacha a gusto contra el Ayuntamiento. Qué vergüenza. O lo que es lo mismo, cómo es que no se lanzan las brigadas de limpieza municipales a un denodado esfuerzo para que en un par o tres de horas (entre las cinco y las ocho de la mañana debería ser) ni se noten los restos de la fiesta. Bueno, algunos Ayuntamientos potentes sí lo hacen. Derecho al ocio. Derecho a la diversión. Derecho al descanso. Derecho a disfrutar del aire libre. Derecho a tener limpios los espacios públicos. Derecho a que los niños disfruten de los juegos con seguridad. Muchos bienes jurídicos protegidos que en ocasiones colisionan. Y dar gusto a todos, es un arte.

Noticia número 2:  España cuenta con las áreas de descanso en autovías más descuidadas de toda la UE por suciedad y falta de servicios. Realmente no distinguía la noticia entre autovías o autopistas.

Hay que alabar la estupenda red de autovías que se ha construido en España en los últimos años. De ello hay que sentirse orgullosos por el trabajo realizado a la par que agradecidos a la Unión Europea por los generosos fondos librados. Dicho esto, evidentemente no hay que obviar que ciertamente fue un error de planificación construir miles de kilómetros de autovías y no haber considerado imprescindible construir al mismo tiempo áreas de descanso cada cierta distancia. Una contradicción si se piensa que la DGT continuamente nos conmina a que descansemos cada 200 km o cada dos horas. Uno podría preguntarle, sí ¿pero dónde?. Hay que suponer que cuando se planificaron las autovías no hubo suficiente dinero como para ejecutar áreas de descanso; no creo que seamos tan poco previsores cuando tenemos unos ingenieros de caminos tan excelentes. Normalmente pues, hay que desviarse de la ruta principal y entrar en algún desvío hacia alguna población para acabar en un bar cutre a la par que amigo de dar sablazos a los incautos y falto de todo concepto relacionado con la higiene. Apenas existen en las autovías sitios específicos donde poder específicamente descansar. Y claro, los pocos que existen no disponen de servicio de ningún tipo con lo que la cosa acaba como acaba, convirtiéndose en un vertedero infecto. Tristemente si nos comparamos con países más civilizados como Alemania, nos damos cuenta de que, además que todas las autopistas son gratis, existen áreas de descanso cada pocos kilómetros y que además disponen de agua, toiletten, papeleras, árboles y césped y juegos infantiles en muchos casos. O en Francia, donde las autopistas son de pago y existen multitud de áreas en las que el concesionario de la vía mantiene las instalaciones adecuadamente, desconozco la última razón: o si los concesionarios son muy responsables o el Estado ejerce un verdadero  control sobre el mismo.

He de suponer que la noticia de a TV querría referirse a las áreas de descanso de las autopistas españolas, en cuyo caso lo que sorprende es que la Administración responsable no obligue al concesionario a tener las instalaciones limpias. Bueno, de hecho apenas hay áreas que no estén asociadas a zonas de restaurante con gasolinera, las áreas de descanso en sí mismas apenas existen.

En este país de ricachos venidos a menos, las irreductibles gentes (como el pueblo galo de Astérix) creemos que nos salen los euros por las orejas, protestamos de todo, no somos responsables de nada y exigimos siempre a los otros, no a nosotros mismos. Estamos en un momento de tensión en el que siempre se esgrimen los dos argumentos recurrentes: exigencia de cumplimiento de la norma y educación. Libertad y seguridad. Represión o convicción.

Desde mi punto de vista es urgente en España abrir un debate sobre el tema. Recientemente en Zaragoza se aprobó la Ordenanza de convivencia ciudadana. Y también se propuso por el Ayuntamiento posteriormente instalar cámaras de videovigilancia en diversos lugares públicos. Todo ello abrió un debate público en el que los más progresistas se oponían a establecer sanciones o controlar comportamientos mediante cámaras y argumentaban que había que dar mucha importancia a la educación (claro, todo es un problema de educación) y dejar la represión  sólo para casos extremos. La pregunta es: ¿y si en estos momentos aun no existe la educación suficiente como para que los comportamientos cívicos se respeten, qué hacer, esperar a mejor fortuna? Si tenemos en cuenta que España se sitúa en vigésimo tercer lugar (de 25) de la UE en cuanto a fracaso escolar, lo tenemos claro. Quizás ese fracaso escolar provenga de algún modo también de cierta falta de disciplina.

Así que no estaría de más abrir ese debate público entre libertad-seguridad desde el realismo y situándonos en el lugar que nos corresponde, con nuestras virtudes y nuestros defectos. Al fin, se trata de un debate filosófico de fondo, mucho más serio de lo que a primera vista parece…  Nosotros y nuestros políticos deberíamos plantearnos las respuestas a preguntas acerca de la propia responsabilidad individual sobre los propios actos, sobre la legitimidad de intervención de la Administración en todos los actos. Si, por lo tanto existe la necesidad de disponer de normas que regulen absolutamente todo. De la necesidad o no de hacer respetar las normas que existan o por el contrario ser flexibles aplicándolas según convenga y a quién convenga. Y qué hacer si finalmente no se cumple el optimista dicho andaluz de que tó er mundo e güeno. O de otro modo, debatamos sobre el ser y el deber-ser si es que lo hay y qué ocurre cuando no se alcanza ese deber-ser a costa del no respeto a los demás.

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Ignacio Pérez Sarrión es Licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia en el año 1980 y Funcionario con Habilitación de carácter Estatal, perteneciente a las subescales de Secretaría-Intervención y Secretaría de Categoría Superior. Actualmente ejerce en el Ayuntamiento de Torres de Berrellén (Zaragoza).

1 Comentario

  1. En España hay muchísimos derechos (en las leyes) y poquísimos deberes(en las leyes y en la realidad). Un derecho sin deberes correlativos viene a ser un oxímoron y un imposible, ya incluso en el plano teórico, por eso no es raro que nos encontramos los españoles, tantas veces en la práctica, sin derechos efectivos que poder ejercitar (por mucho que aparezcan en los papeles), al no haber deberes correlativos efectivamente exigibles.

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