Tuiteando

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Es posible que los sociólogos hayan ya investigado y escrito sobre el fenómeno twitter. Cierto que en estos momentos, alguien “que no está en twitter”, no existe. Personalmente no lo uso apenas, porque creo que no es una herramienta que sirva para el debate de las ideas y sí para etiquetar al personal.

Hace poco escribía sobre lo cuidadoso que hay que ser cuando se habla (o se gorjea en este caso) mencionando aquello de ser esclavo de tus palabras y dueño de tus silencios. Una vez publicas algo en la red, ahí queda, para bien o para mal. Tengo entendido, aunque no lo sé con seguridad, que en twitter se puede borrar el contenido de cosas que hayas escrito, pero seguro que en alguna parte queda, quizás en un servidor subterráneo en las Rocosas o en Palo Alto. Y así pasa lo que pasa, como lo de algún Concejal, que hubiera tenido magníficas oportunidades de estar callado.

El diccionario de inglés de wordreference define el término twitter como trino, gorjeo, agitación, nerviosismo y, ya popularizado, ahora se ha generado el verbo tuitear: yo tuiteo, tú tuiteas, él tuitea…

El éxito del fenómeno es precisamente que sólo puedes escribir en cada entrada 140 palabras. En estos tiempos en los que hay tanta información y tan accesible, en la que se lee muy poco o hay que seleccionar muy bien lo que se lee, ¿quién no echa un vistazo a un mensaje de muy pocas líneas? ¿Y quién no “retuitea” costando tan poco? Pero es que cuando se expresa una idea en 140 palabras, se está verdaderamente limitado. Sólo personajes de una autoridad indiscutida o con una capacidad excepcional para expresar ideas extractadas, como pudieron ser el conceptista Baltasar Gracián (cuánto habría disfrutado), Óscar Wilde o Winston Churchill harían un uso probablemente adecuado. Sin embargo ahora cualquier iluminado de medio pelo (con perdón) pontifica más que el Papa de Roma desde el balcón de la Plaza de San Pedro. El problema es que como no hay espacio para la argumentación, sólo se publica la conclusión, sin razonamientos (a veces los hay pero muy simples), por lo que hay que usar la intuición para imaginar el porqué de esos razonamientos mentales previos.

En Aragón hay una expresión muy bonita que se aplica a personas que emiten sin parar opiniones cortas y contundentes sin mayores explicaciones. De esa persona se dice que es un “sentencias”. Pues eso, twitter está lleno de personas a las que podríamos calificar como sentencias porque lanzan una frase en la red sin mayores argumentaciones, simplemente se dejan ahí, presuponiendo que es palabrita del niño Jesús por provenir de quien proviene. O incluso pretenden hacer un haiku, poesía críptica (que nadie se atreverá a criticar al no entenderlo, no vaya a ser que le consideren a uno poco inteligente).

Lo que se escribe en twitter, acaba pareciéndose mucho a los anuncios publicitarios, se venden estereotipos escribiendo un mensaje comercial y haciendo ver que se trata de una frase inteligente; los seguidores retuitean para caer bien a su colla o parecer que han entendido al sentencias. Frases que suelen ser consignas y que más que llevar a un debate o ayudar a conocer temas, sirven sobre todo para identificar y etiquetar a personas con corrientes ideológicas.

Es cierto que para transmitir algo interesante, sería necesario tener ideas que expresar y dominar mucho el lenguaje para sintetizarlas con un reclamo atractivo. De lo que no cabe duda, es que para mostrarse como un patán, bastan esos 140 caracteres.

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