Un pequeño esfuerzo, son solo unos pocos euros

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Cada vez que me viene a la cabeza la imagen del presidente del gobierno Mariano Rajoy  pidiendo a los españoles «un pequeño esfuerzo» y «unos pocos euros al mes» algo se remueve en mi interior y me retrepo en el asiento mientras un sudor frío me invade, por no hablar de los escalofríos que me recorren el cuerpo todos estos últimos viernes,  que han venido en ser llamados de “dolores”, a  mediodía aproximadamente, mientras espero el anuncio de la portavoz del gobierno de los últimos recortes acordados por el consejo de ministros.Una vez pasado el viernes llega la semana de tregua por lo que al gobierno central se refiere, pero lo malo es que ese mensaje del pequeño esfuerzo que solo supones unos pocos euros al mes ha prendido como la pólvora y no hay administración pública o empresa que no se haya apuntado al carro y anuncie su particular plan de ajuste – como si de la república independiente aquella de Ikea se tratase – con sus consecuentes repercusiones sobre nuestra ya muy maltrecha capacidad de aguante que deben considerar inagotable los responsables de tan drásticas decisiones.

No olvidemos que a las reducciones salariales seguidas de congelaciones y rematadas, de momento,  en algunos casos entre los que me incluyo con nuevas disminuciones retributivas, hay que sumar las subidas del IRPF y del IVA – además de la acaecida en julio de 2010 la anunciada para 2013 junto con los restantes impuestos indirectos – , de las diversas tasas y precios públicos por doquier,  el copago sanitario, las subidas de la luz, el gas, el agua, los transportes, los combustibles, etc…

Pero es que incluso la hostelería, básicamente los bares y restaurantes a los que acudo con mayor frecuencia que a otros establecimientos pero en franca disminución por lo que se refiere a la asiduidad, han emprendido – no sé si este término los sitúa en el absurdo concepto de emprendedores tan de moda últimamente o no es adecuado su uso aquí – una huida hacia delante subiendo precios y bajando cantidad y calidad. Supongo que en vista del panorama  habrán pensado que porque no iban a tener derecho también ellos a pedir un pequeño esfuerzo a sus clientes consistente, en resumidas cuentas, en unos pocos euros para poder mantener sus nivel de ingresos.

Sin embargo, a pesar de esta unanimidad en pedirnos un pequeño esfuerzo –vale que son solo unos pocos euros, pero un grano no hace granero pero ayuda al compañero – no termino de comprender cuál es el nivel de esfuerzo al que se ven sometidos los beneficiados por la cuando menos agraviante amnistía fiscal que acaba de ponerse en marcha que la Organización Profesional de Inspectores de Hacienda del Estado tacha de inconstitucional por contravenir el artículo 31 de la Constitución que prevé la contribución de todos al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con nuestra capacidad económica.

¿En qué consiste el esfuerzo de estos probos ciudadanos que decidan hacer regularizar su situación ante el fisco?  ¿En dejar de defraudar a pesar de que ya se habían acostumbrado a ello? ¿En pagar solamente un 10 % en lugar frente a otros ciudadanos, quizás más cándidos, que pueden llegar a pagar hasta un 52 %?.

Con esta medida el Gobierno perdonará parte de los impuestos de los regularizados  y no exigirá el pago de sanciones, intereses, ni recargos, con la finalidad de recaudar un 10 % de los caudales blanqueados que se estima en unos 2.500 millones.

Sin embargo, el fraude fiscal se eleva en España a  70.000 millones de euros el 23 % del PIB lo que equivale al presupuesto total del sistema sanitario español y la economía sumergida al 24 % del PIB, según el análisis realizado sobre el fraude por la consultora i2 Integrity.

Según este informe, los fraudes «preferidos» son evitar el IVA, crear facturas por falsas ventas, contratar en «negro», cobrar subvenciones indebidas, no prestar los servicios contratados, fraguar insolvencias, realizar operaciones internacionales fraudulentas, ocultar capitales y crear empresas «tapadera», y  solo las cuotas de IVA dejadas de ingresar en el último año podrían acercarse a los 18.000 millones de euros, cantidad superior a la suma del gasto sanitario anual de Madrid y Cataluña juntas

Además, el estudio resalta otros datos como un informe de los técnicos de Hacienda que pone de manifiesto que las grandes fortunas y las grandes empresas evadieron a Hacienda 42.711 millones de euros en 2010, un 71% del total del fraude en España.

Y al calor de estos acontecimientos asistimos a una nueva inyección de dinero público en el sector bancario que, ahora en el caso de Bankia, se eleva a un total de 23.500 millones de euros que, según el nuevo presidente de la entidad José Ignacio Goirigolzarri, no constituyen ayudas públicas, ni un préstamo, ni aportaciones a  fondo perdido, sino que son capital que no habrá que devolver ¿?, al tiempo que el Gobierno, por su parte, ha dejado claro que no va a pedir responsabilidades a los gestores de Bankia.

El presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo Carlos Divar realiza 20 viajes de fin de semana de cuatro días o más a Puerto Banús, donde pernoctó y mantuvo cenas para dos personas en restaurantes y hoteles de lujo, y la denuncia de estos hechos  no merece ni tan siquiera una mínima investigación o aclaración y nos quedamos sin saber si el ínclito personaje estuvo trabajando o simplemente se dio unos garbeos a costa del contribuyente.

La Junta de Castilla y León subvenciona un programa para enseñar a cazar dirigido a menores de entre 7 y 12 años por importe de 303.000 euros. La canciller Merkel ve aumentado su sueldo en 1.000 € – es cierto que la subida se dará en tres fases que se alargarán hasta el mes de agosto de 2013 y que me dirán que la situación de Alemania no es la de España y que los miembros del Gobierno de alemán no hacen más que adaptar sus sueldos a las subidas de los salarios de los funcionarios de ese país, a lo que renunció anteriormente el gabinete canciller socialdemócrata Gerhard Schröder.

No sé, es posible que me equivoque, perno no puedo desprenderme de la sensación de que en el pequeño esfuerzo que nos pide el presidente del gobierno no hay paridad y  unos soportan mayores esfuerzos que otros, incluso pareciera que algunos no hacen ninguno; y, tampoco, puedo evitar el recelo que me produce el destino de unos fondos que se detraen de la financiación de servicio públicos básicos en aras de una sacrosanta austeridad mal entendida y que empieza a ser cuestionada a favor del crecimiento.

Puede que el esfuerzo que nos piden suponga solamente unos pocos euros al mes, apreciación de la que discrepo, pero la suma de esas nimias, en opinión de algunos, cantidades procedentes de distintos frentes percutiendo sobre  los ya más que exhaustos hombros de los ciudadanos conduce inexorablemente a la una grave recesión y agrava la desigualdad entre ricos y pobres a los que no les queda, ni tan siquiera, el consuelo de que los poderosos tengan gestos solidarios y ejemplarizantes.

Por el contrario, permítanme la anécdota para terminar con un halo de humor, los esfuerzos exigidos a la ciudadanía se multiplican y radicalizan hasta el punto de que un niño de Lleida de 18 meses ha recibido el borrador de la declaración de la renta en el que, esta vez ha tenido suerte – no sabemos si gracias a sus conocimientos fiscales realizó inversiones desgravables, le devuelven 53 céntimos de euro en relación con una cuenta de ahorro que le abrieron sus padres al nacer.


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