Valiente Actitud de la FEMPAplausos y aplausos calurosos merece la Federación Española de Municipios y Provincias por la postura adoptada en torno al debate sobre la financiación local.

Estamos ante el problema clave de nuestros ayuntamientos. En la pasada legislatura se hizo un esfuerzo enorme para tramitar e intentar llevar a las Cortes una modificación de la ley básica de régimen local. El Ministerio para las Administraciones públicas redactó un libro blanco y, después, puso en circulación un anteproyecto. El primero -es decir, el llamado libro blanco- era muy malo, yo lo denuncié en algunos artículos y conferencias pues se trataba de un galimatías tecnocrático, pleno de vacuidades y zarandajas sacadas de libros mal traducidos y peor asimilados. Para colmo estaba horriblemente escrito, en una prosa “cantinflesca” y embarullada. Luego le hicieron algunas correcciones pero el churro no perdió su condición de churro.

Otra cosa era el borrador de la reforma de la ley. Me consta la buena intención de sus autores y el esfuerzo por llegar a acuerdos con unos y con otros, con eses interlocutores que ahora se les llama “el sector o los sectores interesados”.  Este no es el mejor camino para reformar las leyes porque acaba, en la realidad, sentando a la mesa a unos pocos, en rigor muy pocos “interesados”, siempre sujetos sospechosos por sus privilegios: los que gozan de mayor influencia social, quienes más capacidad tienen para hacerse oír en los medios de comunicación, o simplemente los más entrenados en el arte de enredar… No es extraño que, sobre esta base, los acuerdos que puedan trabarse adolezcan casi siempre de falta de rigor y de seriedad porque a menudo propenden a olvidar o a abandonar en una peligrosa penumbra al interés público considerado en su dimensión más limpia y amplia. Pero, en el caso de la reforma de la ley 7/85, tal interlocución hay que reconocer que estaba bien dirigida y eficazmente aparejada.

Otra cosa era el contenido de la ley misma. A mi juicio, abordaba asuntos de escaso interés o de interés muy circunscrito a pequeños problemas de funcionamiento de nuestras entidades locales. Los de mayor alcance y los de más sostenido aliento quedaban prácticamente intocados, a la espera de una nueva pluma que los despabilara y los sacara de su letargo. Es decir, y resumiendo, la reforma no estaba mal pero no pasaba nada si no salía adelante. Y el tiempo ha puesto de manifiesto la exactitud de este análisis.

Porque dos son los asuntos de más envergadura y que merece la pena abordar en relación con nuestros municipios. La reforma -en la ley electoral- del sistema de elección de alcaldes y la financiación local.  Respecto del primero, urge desactivar un sistema que permite anudar pactos a espaldas de los ciudadanos. Ya me he pronunciado en este blog al respecto: hay que ir a las segundas vueltas allí donde no haya una mayoría suficiente para gobernar. Bien sé que esta solución desagrada a los muñidores electorales locales con vocación de caciques de la Restauración pero entiendo que a estos personajes cuanto más alejados se les mantengan de las decisiones políticas, más saldrán ganando las tales decisiones políticas.

El segundo es el que centra ahora ajustadamente la FEMP: la financiación local ha de ponerse en el orden del día junto a la financiación autonómica. Juntitas y de la mano deben caminar ambas materias, sin que deba permitirse el tratamiento temporal separado, tal como por lo demás prometió el presidente del Gobierno. La FEMP ha anunciado declarar “la guerra” si no se atiende esta sensata petición suya. Y en esta actitud contundente debe permanecer si quiere que de una vez se resuelva el problema de los llamados gastos impropios en servicios sociales y sanidad así como el de la participación de los municipios en los presupuestos de las comunidades autónomas a través de un fondo regional de nueva creación o fórmula análoga.

Significativo es, en fin, que la FEMP defiende el diálogo “directo” con el Gobierno y no con los Ejecutivos de las Comunidades autónomas. Da una idea de cómo está el patio y confirma el error de acantonar a las corporaciones locales en el marco de sus respectivas comunidades autónomas como se ha hecho equivocadamente en el caso de los secretarios e interventores.

3 Comentarios

  1. D. Francisco me ha surgido una duda leyendo su artículo de hoy, en lo referente a la forma de elección de alcaldes, habla de un sistema presidencialista al estilo del de presidente del gobierno francésm por ejemplo, pero ¿la formación de la corporación seguiría como hasta ahora? Es que si fuese así veo el problema de alcaldes con escasa capacidad de movimiento al no tener mayoría, pudiendo sustituirsele con una moción de censura facilmente, ¿no? ¿Sería entonces recomendable buscar un sistema que modifique también la forma de elección de la corporación?

  2. Yo he entendido que la reforma debería de ser nivel del propio sistema de elección de la corporación, de lo contratio no tiene ningún sentido la doble vuelta

  3. claro, yo entiendo tambien eso, pero entonces estas rompiendo totalmente el sistema actual, pues solo habria 2 partidos, el mayoritario (con mayoria absoluta) y el minoritario, seria un bipartidismo puro, ¿no? (si es que entendi bien la propuesta, que lo mismo no!!!)

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