Cada vez son más los Ayuntamientos que ven como se va apagando la luz de algunas de sus instalaciones. Cada vez “ven” menos porque hay más oscuridad. Y es que entre los muchos conflictos que están enredados en el sector eléctrico (“un oscuro embrollo” titulábamos Francisco Sosa Wagner y yo un capítulo de nuestro libro “El Estado sin territorio. Cuatro relatos de la España autonómica”), entre tanta maraña, también hay problemas municipales.La elevada deuda que durante años se ha mantenido en muchos Ayuntamientos con la empresa suministradora, probablemente alimentada por la comodidad de que los retrasos e impagos no tenían inmediatas consecuencias, ha tratado de resolverse con la imposición de acudir al mercado eléctrico para suscribir estos contratos. Los Ayuntamientos deben adjudicar el servicio eléctrico, tras la correspondiente convocatoria de un concurso público, y someterse a las nuevas condiciones pactadas, que no serán ya tan favorables. Pero todavía no se ha culminado la adaptación a la reforma. Desde que se aprobó, el Gobierno ha ido ampliando el periodo transitorio y ha ido alejando la fecha fatal que liquidará el régimen anterior. Cuando escribo estas líneas se rumorea que se alargará de nuevo el plazo que debía concluir el próximo 31 de diciembre de 2011.

Es cierto que muchos concursos han quedado desiertos porque las empresas eléctricas no admiten las condiciones que ofrecen los Ayuntamientos y, de manera recíproca, los munícipes no quieren adherirse a las cláusulas que presentan las empresas por parecerles algo abusivas. Sería bueno que la Comisión de defensa de la competencia analizara esas propuestas.

Pero también, sobre este conflicto, sería oportuno que las autoridades municipales meditaran sobre su factura de la luz y oyeran a los técnicos y especialistas. Porque resulta muy importante ser consciente de lo que se gasta y porqué se gasta. Pues ¿son necesarias tantas iluminaciones? ¿se han incorporado nuevos productos de muy bajo consumo, como la tecnología LED? Es más, podría ser una buena oportunidad para considerar la producción de energía por el propio Ayuntamiento. Hace ya muchos años, conocimos las experiencias de Ayuntamientos alemanes y austriacos que generaban con un sólo molino de viento o la instalación de placas solares o pequeños saltos de agua en los ríos más de la energía que se consumía en el término municipal, tanto para las dependencias públicas como para el consumo particular de sus vecinos.

Y más elementos para la reflexión ofrece la oscuridad del conflicto eléctrico. Ahora que algunas Diputaciones están preocupadas por defender su papel, ante las sospechas de que las tijeras frente al despilfarro público pueden cometer algún destrozo en el ámbito provincial: ¿por qué no abanderan el asesoramiento a los Ayuntamientos en estos contratos? ¿Por qué no realizan estudios o contratan con una empresa especialista para que ofrezca la mejor comparación de precios y condiciones entre las propuestas de las poderosas empresas eléctricas? He ahí un papel relevante para asistir a tanto Municipio desasistido.

Es decir, que en medio de esta oscuridad podrían encenderse bombillas de ideas para cambiar los comportamientos y promover el ahorro energético, la propia producción y el papel relevante de las Diputaciones. Mientras tanto, salud en 2012.

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