Este querido y viejo, pero tan entrañable Aragón se hunde. Me refiero a la multitud de edificaciones en pequeños pueblos en los que la demografía está pasando una factura que ya no vamos a poder pagar. También ocurre en otros territorios hispanos despoblados y envejecidos y no deja de ser una más de las consecuencias de la política demográfica suicida o, por mejor decir, de la ausencia de política demográfica. Los pueblos se quedan solos, las escuelas han cerrado en muchos de ellos a pesar de que las ratios de profesor/alumno son muy reducidas, en Aragón hay escuelas abiertas hasta con tan sólo 3 ó 4 alumnos (véase Heraldo de Aragón  https://www.heraldo.es/noticias/aragon/2017/09/13/una-cada-diez-escuelas-aragon-tienen-menos-diez-alumnos-1196259-300.html). Todos saben que en cuanto deja de haber niños, el pueblo está condenado a su desaparición.

En muchos de nuestros pueblos sólo quedan gentes envejecidas, aferradas a su rutina, a su huerto y al banco de piedra en el carasol. Ya retrató el panorama Ramón J. Sender en aquel magnífico librito “Réquiem por un campesino español”, novela de 1953. O Serrat en su canción “Pueblo blanco”: «El sacristán ha visto / hacerse viejo al cura, / el cura ha visto al cabo / y el cabo al sacristán. / Y mi pueblo después, / Vio morir a los tres …»

Sin embargo, persistimos en no establecer una mínima política demográfica. Otros países lo hicieron hace tiempo y están paliando los efectos de la falta de natalidad y aumento de la despoblación. Aragón tiene una densidad de 28 habitantes/km². Cifra engañosa si tenemos en cuenta que Zaragoza concentra la mitad de la población aragonesa, por lo que, si excluimos a la capital, la densidad baja a 14 habitantes, menos que Finlandia, cuya cifra es del 16 %. Teruel 9,20 hab./km². Según afirma El País (https://politica.elpais.com/politica/2017/03/10/actualidad/1489158510_848981.html) , «los Montes Universales, que abarcan un territorio de más de 3.500 kilómetros cuadrados (más o menos, la provincia de Guipúzcoa) sólo viven 5.700 personas. Es decir, la densidad de población es de 1,63 habitantes por kilómetro cuadrado. En Lappi, la región más septentrional de Escandinavia, hay 1,87 habitantes por kilómetros cuadrado, eso según los datos censales. El proyecto Serranía Celtibérica asegura que, tras un estudio pueblo a pueblo en los Montes Universales, la densidad de población real -contando sólo residentes- es de 0,98 habitantes por kilómetros cuadrado. Números similares a los de Siberia».

Sobran los comentarios. Esto es un suicidio. Las autoridades miran hacia otro lado y no hacen absolutamente nada. Teruel acabará siendo una gran reserva natural o un inmenso coto de caza.

Pero en el comentario de este post me quería referir más que a la desesperada cuestión demográfica, a la cuestión del estado de las edificaciones en los pueblos, necesaria consecuencia derivada del abandono de los pueblos. En cuanto uno da una vuelta por cualquier pequeño pueblo aragonés, comprueba de inmediato la cantidad de edificaciones que están en ruina, inminente o técnica debido al abandono de sus pobladores. O edificaciones que requieren una orden de ejecución urbanística urgente para que no se caiga un alero. Ya no sólo se trata de las viejas parideras y edificaciones aisladas en medio de la nada ya completamente hundidas, se trata también de las edificaciones ruinosas en los propios núcleos de población. Y si bien es cierto que la normativa urbanística permite a la Administración Municipal actuar, ésta no tiene ni medios ni voluntad de hacerlo. ¿Cómo va a actuar un Alcalde de un pueblo de 50 habitantes para tirar una casa que probablemente es si es que se conoce, de un familiar más o menos cercano o quizás de un amigo de toda la vida? Además, ¿quién paga la dirección y el derribo? ¿Es posible reintegrar al erario de los gastos de la ejecución subsidiaria? El Secretario que atiende el Ayuntamiento quizás uno o dos días en semana al servir una agrupación de tres o más pueblos ¿tiene tiempo y posibilidades de instruir un expediente en el que -obviamente- priman las garantías jurídicas?

Habría que plantearse pues con seriedad el reto de aplicación de las medidas de conservación urbanística en los pueblos, no sólo por la sensación tercermundista que provoca, sino porque el sistema de responsabilidad patrimonial de la Administración no distingue de si estamos en Madrid, en Zaragoza o Villanueva del Rebollar de la Sierra, con 47 habitantes. Esa es una tarea que en actual estado de cosas debería asumir el Gobierno de Aragón y las Diputaciones Provinciales. El propio Decreto-Legislativo 1/2014, de 8 de julio, del Gobierno de Aragón, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Urbanismo de Aragón parece renunciar ya directamente a hacer nada en los pequeños pueblos. Recordemos que el art. 260, cuando regula la inspección periódica de edificaciones establece que «Las edificaciones de uso predominantemente residencial con una antigüedad superior a cincuenta años que estén situadas en municipios de más de veinticinco mil habitantes deberán pasar cada quince años una inspección dirigida a determinar su estado de conservación».  Así que los pueblos, en este aspecto, quedan abandonados a su suerte.

No quisiera estar en la posición de un Alcalde de un pequeño municipio en el que se hunda una casa y cause daños personales. Alea jacta est.

 

 

 

2 Comentarios

  1. Sí, tiene toda la razón.
    Pero no cabe ninguna solución. Castilla y León, el interior de Galicia y Asturias, Extremadura… Y, en realidad, España entera salvando las muy grandes ciudades, se está suicidando demográficamente. Si Valladolid capital va a menos, no te quiero contar los pueblos de la frontera con Portugal.
    El problema no es de conservación, es de supervivencia. Dentro de unas cuantas decenas de años nuestras bisnietas llevarán hiyab, y entonces empezaremos a crecer. Pero ya seremos otros. Lo nuestro no tiene solución.

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