El Referéndum y los Sacerdotes

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El Referéndum y los SacerdotesSentencia interesante la del Tribunal Supremo declarando ajustada a Derecho la celebración de una consulta popular acerca del Plan general de Ordenación urbana de un municipio (Almuñecar). 

 

 

 

 

El Gobierno denegó en septiembre de 2006 al Ayuntamiento la preceptiva autorización para celebrar tal consulta que se refería a la aprobación inicial del plan urbanístico con una interpretación del artículo 71 de la ley básica de régimen local que ahora los magistrados consideran incorrecta pues “identifica el concepto de asuntos de la competencia propia municipal con asuntos de la competencia exclusiva del municipio”. Y ello porque, si bien es verdad que la competencia para la aprobación de planes urbanísticos la comparten el  Ayuntamiento y la Comunidad autónoma, lo cierto es que la aprobación inicial es atribución del Ayuntamiento en exclusiva y para que sea válida la celebración de una consulta popular “no necesariamente las competencias locales deben ser plenas o completas”.  Las únicas materias excluidas de las consultas populares son “aquellas que, aun teniendo carácter local y tratar de una materia que sea de especial relevancia para los intereses de los vecinos, afecten a competencias exclusivas del Estado o de las Comunidades autónomas”.

La sentencia me parece que razona en la dirección correcta. Y ello porque acierta a abordar con exactitud los términos del derecho positivo en punto a consultas populares locales. Pero es que, más allá de este planteamiento legal (que es por lo demás el propio de una sentencia), está poniendo las bases para la aceptación en nuestra vida local de este tipo de consultas, lo que constituye una innovación asumida en las mejores leyes extranjeras, por ejemplo, en las reformas de las leyes municipales de la mayoría de los Länder alemanes. ¿Con qué objeto? Con el de ganar espacios para los ciudadanos y con el designio de reforzar sus compromisos con la ordenación de su propio entorno.

Digo más: es que, si en alguna materia se justifica un referéndum, es en esta. O expresado de otra forma: a mi juicio, el referéndum procede tan solo cuando lo que se pregunta al ciudadano es algo que él puede juzgar con sus conocimientos. Se comprenderá que de esta naturaleza participan los asuntos locales.

No procede el referéndum, por el contrario, cuando al ciudadano se consultan cuestiones abstrusas al alcance de unos pocos iniciados. Por eso no es una medida democrática ratificar por medio de un referéndum el Tratado o Constitución europea. Se trata más bien de un alarde de demagogia. Como escribía hace años Nicolás Pérez Serrano “si el cuerpo electoral rechaza un proyecto de Constitución, sabemos ciertamente que no quería aquel texto; pero nos quedamos sin saber qué cosa hubiera preferido pues las recetas positivas en contrario pueden ser tan variadas como contradictorias …”.

Si el refuerzo de la democracia tiene que venir por algún sitio, este ha de ser el de la vida local y el del tratamiento de los asuntos ligados a la vida municipal. Y para ello, para avivar la conciencia de pertenencia a un espacio que se quiere y que se mima, el pronunciamiento directo de los ciudadanos es un medio ideal.

Es verdad que la democracia es una religión con sus dioses y, como tal, necesita sus sacerdotes. Tales son los políticos, indispensables para administrar muchos de sus sacramentos. Pero el diálogo abierto con la Divinidad debe ser una alternativa que el sacerdote no debe excluir. 

3 Comentarios

  1. (…)el referéndum procede tan solo cuando lo que se pregunta al ciudadano es algo que él puede juzgar con sus conocimientos. (…)

    (…)No procede el referéndum, por el contrario, cuando al ciudadano se consultan cuestiones abstrusas al alcance de unos pocos iniciados.(….)

    ¿Que quiere decir? ¿que la plebe es inculta, necia y por lo tanto las cuestiones ‘abstusas’ no estan a su alcance?

    Como suena eso a democracia ilustrada!

    En Suiza es natural hacer referendum vinculantes (no consultas) por cualquier cuestion sin complejos. En Ginebra en solo una año en mi estancia se pregunto por -la tala de arboles del parque a los del barrio, la velocidad maxima en zona urbana a los de la ciudad y su ingreso en la CEE al pais-

    Eso es democracia, el pueblo decide.

    lo que tu propones es una democracia ilustrada donde se monta un circo en el que la plebe cree que decide todo y no esta ni para elegir el leon que come al martir.

    Es hora de pasar de la partidocracia postfranquista actual a una democracia real en España.

  2. Por fin una buena noticia.

    A ver si es sólo el inicio de una práctica obligada, generalizada y vinculante, y que trascienda el ámbito de lo local para entrar en locales de más aforo: el Concejo Abierto del siglo XXI es posible y necesario.

    Gracias.

  3. Digamos que estoy de acuerdo con el profesor Sosa, sin duda. De hecho, los temas que plantea «El no ilustrado» bien distan mucho de ser tan complejos como un plan urbanístico, bien siéndolo, cual es el caso de la integración en la UE, tienen como núcleo la adopción de una decisión de cesión parcial de soberanía que, en los sistemas constitucionales europeos, pasa habitualmente por ratificación popular.
    A mi modo de ver el problema no es ese, pues una consulta popular urbanística podría concentrarse en una pregunta acerca del modelo de crecimiento y la orientación general de éste. El problema surge cuando de la «democracia participativa» pasamos a la » democracia interesada», cuando el resultado de la consulta no expresa tanto la voluntad política de la comunidad local expresada por razones de interés general cuanto la voluntad individual coincidente de la mayoría de vecinos en revaluar sus prados o tierras. El dinero hace, o hacía, extraños aliados. No faltan alcaldes que manifiestan públicamente que recalificarán las fincas de aquellos vecinos que se la pidan (pues para recortar ya están otros, más alejados del día a día y de la votación para elegir al Ayuntamiento). Son estas últimas consultas las peligrosas y las cuestionables jurídicamente. Y no deben omitirse porque la plebe no sabe sino porque sabe demasiado…

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