Estufas callejeras

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estufas, europa, Comisión de Energía del Parlamento Europeo,ahorro energético, gasMetidos como estamos en pleno debate energético, salta la noticia según la cual el Ayuntamiento de París acaba de prohibir las estufas de gas en las terrazas de bares y cafés. En estos últimos tiempos se ha convertido en un espectáculo sorprendente la proliferación, en Europa, de locales que instalan a sus puertas elementos de calefacción para que sus clientes puedan sentarse al aire libre. En la ciudad donde paso buena parte de mi vida actual, Bruselas, que no disfruta precisamente de un clima apacible, es de ver a las gentes en el centro, en pleno mes de enero, sentadas en la calle como si estuvieran disfrutando de la primavera sevillana. Y lo mismo he podido contemplar, atónito, en varias capitales alemanas cuyo invierno no hace falta que describa con el esfuerzo de la pluma.Todo esto carece de justificación alguna. Se trata sencillamente de un disparate. En el caso de París se da la circunstancia de que la prohibición afecta al uso del gas, y se alegan razones medioambientales, pero no a la electricidad, que al parecer se puede derrochar en plena calle sin escrúpulo alguno de conciencia.

Nos pasamos el día exponiendo en todas las tribunas, por oral y por escrito, que Europa es un continente con una dependencia energética difícil de soportar y aportamos cifras y más cifras para demostrarlo. Cifras que yo ahorro al lector porque los números son los huesos que nos encontramos en la sopa de un relato.

Tenemos que importar de todo: petróleo, gas, uranio … hasta carbón. Cada Gobierno tiene planes de ahorro energético aprobados, convenios con estas y aquellas instituciones destinados a mejorar la eficiencia energética, la Unión Europea lleva años elaborando documento tras documento con los mismos objetivos, una verdadera obsesión que asoma su copete en cualquier debate: en el Consejo, en la Comisión, en el hemiciclo del Parlamento europeo … En estos momentos se están elaborando varios informes en la dirección señalada: en la Comisión de Energía (del que yo mismo soy Rapporteur); en la de Transportes; en la de Medio ambiente … Son innumerables los seminarios, las conferencias, las audiencias públicas de expertos que tienen lugar entre los muros del Parlamento europeo prácticamente todos los días del año.

Pues bien, cuando salgo de ellos, hacia las siete o las ocho de la tarde, me doy de bruces con los locales de la plaza de Luxemburgo, que se halla cabe el Parlamento, con las estufas callejeras a pleno rendimiento en medio de unas temperaturas propias de las novelas de don Fiódor Dostoyevski.

Sépase que lo malo, en el ámbito energético europeo, no ha hecho más que empezar porque, si hemos de renunciar a la energía nuclear, como muchos proclaman y razonan, la factura energética va a calentarse (ya que hablamos de ello) hasta límites muy fastidiosos. Lo menos oportuno es, en estas circunstancias, que nos pongamos a echar una caña en pleno invierno en la calle arropados por un calorcito artificial.

De otro lado, no me canso de repetir, y lo hago en cuantas ocasiones puedo en la Comisión de Energía del Parlamento europeo, que los alcaldes tienen una responsabilidad muy singular en la política energética porque sin ellos, sin su concurso consciente, apenas se puede avanzar. Por eso es de reseñar la iniciativa del Ayuntamiento de París aunque es evidente que se ha quedado como encogida. Dispara en una dirección correcta pero es a todas luces (nunca mejor empleada la expresión) incompleta.

¿Serán más ambiciosos los Ayuntamientos españoles? De momento, la respuesta de alguno de ellos resulta decepcionante. Y, sin embargo, es preciso aplicarse con la mayor tensión a ello porque los tiempos que corren no son para aparejar alegremente juegos de luminarias ni organizar celebraciones risueñas.

Me perdonará el lector que haya expresado mi pesimismo de una forma tan poco complaciente pero es lo cierto que nos hallamos en momentos de gran tribulación. Y, en todo caso, estamos conmemorando el centenario del nacimiento de Cioran, gran escritor y pensador, pero no precisamente un verbenas.

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