La Mirada del Otro

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La Mirada del Otro"Tú no eres tu personaje, pero tu personaje si eres tú", reza un conocido aforismo literario.

¿Cómo somos en verdad? ¿Cómo nos vemos nosotros o como nos ven los demás? Probablemente no exista una respuesta única, pero tendremos que rendirnos ante la importancia de la mirada de los otros, que, de alguna forma termina configurando o al menos completando nuestra propia personalidad. Y si esto es cierto para las personas, también lo es para las ciudades y los países. Por eso nos interesan tanto las opiniones de los escritores extranjeros o, aun mas todavía, de los hispanistas. Ian Gibson, Gerald Brenan son buenos ejemplos de los segundos, y Chris Stewart o Tim Parfitt de los primeros. Nos gusta vernos en el espejo de las miradas de los otros. Así nos conocemos mejor. En esto, los españoles no somos especiales, ocurre en cualquier otro país. Me encuentro en Bangkok con que la mejor muestra de arquitectura tradicional thai es la casa del arquitecto norteamericano Jim Thompson,  asentado en Tailandia tras la II Guerra Mundial y impulsor del negocio de la seda. Desapareció misteriosamente en la selva malaya y su casa y colección artística es visita obligada para los que quieran conocer parte del alma elegante de Oriente.

En todas partes cuecen habas.

La mirada del otro nos concede entidad más allá de nuestra autocontemplación. Que cada uno _ y cada ciudad_ se aplique el cuento. A lo mejor descubre que no es tan feo _ o tan guapo _ como se creía.

 

4 Comentarios

  1. El Yo real, el Yo social y el Yo percibido, todo eso es el equipaje con que tenemos que cargar con nuestra vida.

    Sin embargo, si los tres se funden en uno, ya sólo queda ligereza…

  2. Recuerdo una novela de J. Millás, aunque no su nombre, donde una mujer que se sentía sola contrató a un detective para que le espiase y le informase puntualmente de todo lo que averiguase.

  3. No obstante, a contrapunto, y dado lo que vemos en la realidad, habría que destacar que es cierto que hay quien para conocer el mundo y para conocerse a sí mismo mira a través de la ventana, e incluso atraviesa la puerta y sale afuera; fuera de su casa, de su castillo. Y eso le honra y además le hace más completo. Pero también habría que destacar que hay quienes solo quieren conocer el mundo a través del espejo, y para estos sobra la mirada del otro; les basta la suya propia, porque ellos ya se ven a su través.
    En este caso la mirada del otro no les concede más entidad, y la entidad que se ostenta es más bien pobre, menos compleja, más burda y menos «respetable», quizá. Pero también se tiene; y se asume (de modo más o menos consciente).

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