Los pactos del día después

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Los pactos del día después

Y por fin terminaron las elecciones. Ya tenemos los resultados. Ya sabemos quiénes tienen los votos. Ahora vienen las interpretaciones. El otro día me decía un amigo, bastante indignado por cierto, que en la campaña se debería aclarar un extremo básico, fundamental: con quién pactaría o no pactaría un partido y qué cosas pactarían. Pero como cuestión previamente anunciada, no como cuestión a decidir a posteriori. Así, el elector, que tan sólo puede opinar cada cuatro años, podría tomar decisiones más responsables. De otro modo el voto que ese elector ha depositado puede ser usado para fines que nunca desearía, o sea, contraviniendo palmariamente lo que habría sido su voluntad. 

Sin embargo los líderes se guardan hábilmente de decir qué harán con nuestro voto, qué aritmética de gobierno van a llevar a cabo. Así que al final, cuando uno vota, lo hace en cierto modo en barbecho. En realidad el ciudadano no hace sino otorgar una confianza en alguien que cree que no le va a hacer una faena; a partir de ahí esa confianza que le ha dado, él la interpretará como le venga en gana. Es como aquello que se trasmitió  por algún partido en el referéndum sobre la Constitución Europea (no era exactamente así pero el mensaje sí lo era). Venía a decir algo como: “no hace falta que le explique a usted esto de la Constitución Europea, esto es muy complicado. Usted limítese a confiar en mí que yo haré lo mejor pensando en usted”. Creo que en la campaña aquella intervenía algún famoso grupo musical. Con esto del pacto post-electoral pasa algo similar. El mensaje es “ya haré con su voto lo que estime más conveniente”. En fin, en eso, como en otras cosas, los candidatos no respetan demasiado al elector como persona pensante y mayor de edad. Lo ven a alguien a quien tutelar, como alguien que se debe dejar guiar.

Del programa inicial que proponía el partido puede que al final, y al calor de los pactos, coaliciones, bisagras, tripartitos etc, quede más bien poco. Al ungido por la gracia divina de los votos ciudadanos no le preocupará demasiado porque tampoco nadie le va a recordar nada después. Nadie le vamos a recordar seguramente sus proyectos. Y si lo hacemos tiene la fácil excusa, muy a mano y prediseñada en el argumentario orquestado por el partido, que básicamente es:

1) En democracia el pacto es imprescindible. La democracia es convención, pacto. Y surgirán inevitablemente expresiones como acuerdo de mínimos y conversaciones programáticas.

2) Hay que se prácticos, posibilistas, más vale ejecutar una parte del programa y gobernar con honradez.

3) No dando un apoyo mayoritario a nadie, el pacto es lo que han querido los ciudadanos, es su mandato. Nada más alejado de la verdad.

Al fin, el elegido lo único que nos pide es que confiemos en él, que hará lo posible por nosotros al límite de sus fuerzas. Gracias, gracias.

Yo creo al final que en democracia no todo debe ser pacto a toda costa para gobernar; hay principios. A mí me da la impresión de que en ocasiones se olvida que hay mínimos innegociables, intocables dentro de la propia ideología y forma de actuar. Y que se debe avisar previa y claramente con quién se está dispuesto a ir y con quién no y qué aspectos son básicos y cuáles no.

1 Comentario

  1. Lo mejor que puede pasar , que los dos estén contentos por los resultados obtenidos, no tendremos tanta suerte en las generales!!!!

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