Mundo rural

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Mundo Rural

El fenómeno de la emigración del mundo rural a las ciudades no es nada nuevo. En los años 50, 60 y 70 ya hubo un gran desplazamiento de habitantes del campo a la ciudad, pero si nos remontamos en el tiempo ya en la edad media las ciudades o burgos nacen para agrupar a los diferentes grupos de artesanos, para defenderse frente a ataques hostiles de enemigos externos y de los no menos hostiles de los señores feudales frente a los que las ciudades iban exhibiendo los Fueros de concesión real.

Lejos de mi ánimo realizar un estudio demográfico, en una materia en la que carezco de los mínimos conocimientos técnicos. Pero como cualquier otro observador podemos ver, con preocupación, que la tendencia actual va extendiendo el fenómeno de la España vaciada.

La despoblación del mundo rural, conocida como la España vaciada o vacía, es un hecho cotidiano, contra el que es muy difícil luchar, aunque se puede hacer desde diferentes ámbitos, incluido el local. Aunque el Ayuntamiento sea el que puede gestionar las palancas menos potentes para cambiar la dinámica de la despoblación, puede hacer alguna cosa.

Según los estudios demográficos más recientes la población actualmente se aglutina en las grandes ciudades y en lugares en los que hay posibilidades de trabajar, así como en poblaciones cercanas y bien comunicadas con estos sitios.

Si el pueblo no está próximo a una gran población ni bien comunicado con ella, o a un centro de empleo abundante (grandes fábricas o concentración de pequeñas y medianas empresas), en este aspecto no se puede hacer nada, pues no es posible cambiar la ubicación del pueblo. Lo que sí se puede incidir es en mejorar lo posible las comunicaciones por carretera, dentro de la poca competencia del Ayuntamiento.

Por otra parte, se pueden asumir cargas económicas para subvencionar diferentes necesidades de los futuros vecinos, en virtud de las competencias municipales de fomento, como por ejemplo subvencionar servicios como transporte, comedores escolares de los hijos de los vecinos, pago de cheque escolar, uso de instalaciones deportivas, etc.

Incluso en los medios de comunicación hemos podido ver algún Ayuntamiento que ofrecía vivienda gratuita o a muy bajo coste a familias con hijos pequeños que vayan a instalarse al pueblo.

En cualquier caso, lo más efectivo para lograr la repoblación de una zona es competencia estatal o autonómica, pues es preciso dotar a la zona de buenas comunicaciones (autovías, tren de alta velocidad, aeropuerto cercano y comunicación con puertos de mar, así como buena cobertura de telecomunicaciones) y generar un efecto llamada de empresas. Lo más efectivo podría ser otorgar una “vacaciones fiscales” en los grandes impuestos que gravan a las empresas, pero ello puede chocar con la normativa europea, por lo que posiblemente se deberá implicar en el tema a la Unión Europea.

Por el contrario, las iniciativas que van en contra de la ley de la oferta y la demanda, son medidas condenadas al fracaso, y pueden ir contra la libertad de mercado de la Unión Europea. Si los productos agrícolas españoles no pueden tener precios competitivos, los consumidores comprarán otros y es evidente que las facilidades de transporte hacen que sea sencillo colocar en el mercado productos baratos traídos de remotos lugares. Por poner un ejemplo, los melones de Villaconejos son magníficos, pero necesitan abundante agua y trabajo para regarlos dos veces al día, lo que impide que resulten baratos, por lo que los consumidores acaban comprando melón sudamericano, de peor calidad, pero mucho más barato. Y como a nivel mundial hay abundancia de recursos agrícolas, la ley de la oferta y la demanda hace que los precios sean bajos.

No culpemos a los distribuidores, que sin beneficio no harían su trabajo. Si el esfuerzo de colocar aceite en el mercado no se les retribuye, distribuirán otra mercancía, pero no aumentará el precio en origen si el aceite de otros países resulta mucho más barato colocado en España. Luchar contra la ley de la oferta y la demanda, ser contrario a la ley de la gravedad y guardar agua en un canasto, son tres empresas condenadas a fracasar.

Puede lucharse contra la invasión de productos extranjeros mediante una política arancelaria, como hace la administración Trump en los Estados Unidos para defender sus productos. Pero debemos ser conscientes que esa política la debe dictar la Unión Europea y nos protege frente a productos de fuera de la Unión, no frente a producción de otros países miembros. Y la implantación de aranceles suele ser respondida con aranceles recíprocos, lo que podría dificultar nuestras exportaciones industriales.

En definitiva, la España vaciada requiere una reconversión del mundo rural si se quiere repoblar, lo cual es muy costoso y difícil.

Nos encanta la España rural, pero para ir el fin de semana a un hotel de aspecto rústico, pero con todas las comodidades, con wifi, con cobertura de móvil, con restaurantes, … Y a veces hasta nos quejamos de que al lado cante el gallo. Y a ese mundo del campo, tan idílico, después del domingo nadie se quiere quedar.

Aparte de los hoteles rurales hay empresas florecientes en el campo, pero parece que no gusta su objeto social. El mundo de la caza es una economía emergente, pero socialmente crece la repulsa animalista. Igualmente, alguna ganadería de bravo inició la explotación de las visitas turísticas a su campo, pero la reducción de la actividad taurina está extinguiendo estas dehesas.

En tiempos de la reconquista los Reyes ya hicieron frente al fenómeno de la despoblación, por la única forma viable: ofrecer a quienes vayan a repoblar la zona ventajas que hagan atractiva la propuesta, que entonces eran tierras y un Fuero que les mantuviera a salvo de imposiciones feudales. ¿Qué habrá que ofrecer ahora?

2 Comentarios

  1. Como habitante de zona rural de la serranía celtibérica, siempre digo que no hace falta ese desdén urbanocentrista de «dar a los pueblos» que está muy bien, pero que con que no nos quiten más, es suficiente.
    Se recortan presupuestos al bajar de habitantes, pero las calles, las tuberías, el alumbrado público y los servicios siguen siendo igual de costosos.
    Sale mucho más caro construir un colegio en una ciudad que mantener un profesor en un colegio o en un instituto de un pueblo. Pero se hace ver que mantener los colegios de zonas rurales es costosisimo.
    Desde que volví a vivir al pueblo de mi abuelo hace 12 años, nos han quitado sanitarios, guardias civiles, maestros, trenes, cajeros y sobre todo presupuestos.
    Pese a todo, mis hijos crecen felices en clases de 10 niños, en contacto con la naturaleza y conviviendo con generaciones diferentes.
    Aquí no se ha muerto ningún anciano y nadie se ha enterado hasta pasado un mes, nos conocemos y nos cuidamos.
    Aparco en la puerta de mi casa y en la puerta de mi trabajo y ahora que es temporada de huerta, aunque yo no tenga, no me faltan tomates ni judías o calabacines gracias a la generosidad de mis vecinos.
    Creo que en el tiempo de confinamiento, y después en este verano en el que el pueblo se ha vuelto a llenar de risas de niños y mayores, mucha gente se ha dado cuenta de que las grandes aglomeraciones no siempre son maravillosas y que en la España vaciada todavía se respira salud, alegria y esperanza (mientras no nos las quiten)
    Muchas gracias por escribir el artículo, dar visibilidad y buscar solución a este problema, completamente de acuerdo en que la solución debe ser estatal y autonómica.

    • Pablo, tienes razón en que puede bastar con no quitar, sin necesidad de dar. Pero si, como dices, es más caro construir un nuevo colegio en una ciudad que mantener un profesor en un colegio o en un instituto de un pueblo, para incentivar el ahorro sería bueno facilitar que el profesor quiera ir. Antiguamente a los profesores en los pueblos se les facilitaba vivienda, la casa del maestro que era propiedad del Ayuntamiento (se me ocurre a título de ejemplo).
      Por lo demás, gracias por tu comentario y enhorabuena por tu sabia elección de hace doce años, ¡qué envidia!
      Un cordial saludo

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