Recordado Joaquín

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Recordado Joaquín

Era una persona esencialmente tranquila, un funcionario atípico para un pueblo de casi seiscientos habitantes, quizás ya entonces un anacronismo rural. Perdido en un pueblo de la estepa aragonesa, al que amaba irremediablemente, Joaquín era una persona, sin necesidad de más adjetivos, buena, servicial pero nunca servil.

Yo, un pardillo recién llegado de la ciudad y con una oposición recién aprobada pero sin conocer la realidad en absoluto, tuve entonces la fortuna de trabajar con él, auxiliar administrativo de un ayuntamiento casi sin recursos y  olvidado a su suerte.

Tuve la oportunidad de aprender su forma de hacer las cosas, sus métodos sencillos pero efectivos, sus modos amables con las demás personas relacionadas con la corporación, tanto fuesen trabajadores como concejales. Tuve la oportunidad de asistir a momentos de zozobra, de duda, a momentos difíciles en los que lo más razonable hubiese sido dar un puñetazo encima de la mesa y/o salir corriendo sin más. Joaquín, en esos momentos, con una mirada de soslayo y un leve guiño bajaba los párpados lentamente y no dejaba lugar a  dudas con su mensaje no verbal, que indicaba un no te preocupes, no tiene importancia, aquí estoy yo para apoyarte, todo tiene solución. Y, efectivamente, siempre protector, sus consejos siempre fueron leales al tiempo que cordiales. Con su eterno cigarrillo entre los labios (entonces era natural fumar en todas partes), esa mirada cálida mientras encendía uno de ellos confortaba a los que estábamos a su alrededor.

Tan sólo cuatro años estuve trabajando con él y hace ya más de veinte años que nos dejó, tranquilamente, sin alarmar a nadie, sin molestar, dándonos a entender con su mirada que no pasaba nada, que era natural… No pudo disfrutar siquiera de la jubilación.

Quiero ahora desde aquí, rendir un homenaje al siempre eficiente, imperturbable y acogedor Joaquín, ejemplo de persona afable, que con su buen humor y su empatía natural facilitó siempre la vida en el cotidiano y complicado trabajo local a los que tuvimos el honor de estar a su lado, enseñándonos a ser mejores y a relativizar los problemas. Un funcionario que contribuyó al desarrollo y bienestar de su pueblo, con rectitud y desde la sombra, en una oficina de un pequeño ayuntamiento de alguna parte de Aragón. Gracias, Joaquín y gracias a todas las personas que trabajan en ayuntamientos como aquél y que son como fuiste tú.

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Ignacio Pérez Sarrión es Licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia en el año 1980 y Funcionario con Habilitación de carácter Estatal, perteneciente a las subescales de Secretaría-Intervención y Secretaría de Categoría Superior. Actualmente ejerce en el Ayuntamiento de Torres de Berrellén (Zaragoza).

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