Cuando llega el calor, junto con la apertura de piscinas, visitas a la playa, gazpacho, helados y demás cosas típicas es inevitable que lleguen los incendios forestales, que 4515-parque-eolicodevastan miles y miles de hectáreas por año. Aunque sea un fenómeno que se venga dando desde la antigüedad, la virulencia y frecuencia que toma en épocas recientes merecen una reflexión.

Hay actividades tradicionales que se han ido perdiendo que, según el parecer de algunos viejos del lugar, evitaban la proliferación y la propagación de incendios.

En primer lugar la intervención de los rebaños sobre los pastos, evita que estos crezcan demasiado y al secarse constituyan un elemento combustible que facilite el paso del fuego de un lugar a otro. Es indudable que la acción limpiadora de los antiguos rebaños trashumantes de churras y merinas beneficiaba a los campos que pastaban.

De forma similar al declive de la ganadería trashumante, aunque de forma más tardía, el progreso ha desplazado los aprovechamientos madereros. No ha muchos años, algunos pueblos de mínima población eran ricos, merced a los aprovechamientos de sus montes comunales. Hoy en día esos mismos lugares, con menor número de vecinos las mismas hectáreas de monte caen en el declive, dándose cada vez más los casos de poblaciones que renuncian a recoger sus suertes y optan por arrendar los aprovechamientos, con un rendimiento económico cada vez menor. Pero cuando los vecinos obtenían su principal medio de riqueza del monte, se preocupaban durante todo el año de desbrozar y limpiar sus montes, preparar y mantener despejados los cortafuegos, etc. A veces con la ayuda del ganado que pastaba en sus bosques.

Y como mayor riqueza medioambiental ibérico están las dehesas en las que pasta el toro de lidia, ecosistema modélico único en Europa. Aparte permitir la supervivencia del toro bravo como especie animal, la dehesa mantiene alejados los aprovechamientos urbanísticos, las actividades contaminantes y la sobreexplotación agrícola del suelo. El toro bravo necesita una extensión grande de terreno para su cría, pues la proliferación de reses hace crecer las peleas entre ellas, con resultados de muerte en muchos casos. Y ello aparte la necesidad de que el toro durante toda su vida esté acostumbrado a desplazarse, haciendo ejercicio para en su momento estar preparado físicamente para la lidia. Las dificultades los últimos años para la celebración de corridas de toros derivadas de la crisis económica y el pujante antitaurinismo de un sector de la población ha llevado al matadero a ganaderías completas, desde la vaca más vieja hasta el último ternero, incluyendo hierros históricos que han desaparecido como la salmantina de “Sánchez-Cobaleda” (los patasblancas), con sus ganaderías hermanas de “Terrubias” (encaste santacoloma) y “José Manuel Sánchez” (cruce entre Murube y El Sierro). Anteriormente había ido al matadero la ganadería de “Atanasio Fernández”, unos años antes imprescindibles en cualquier feria, “El Sierro” (de encaste Atanasio) o los Coquillas de “Mariano Cifuentes”.

Por el contrario, hay unas actividades económicas que cada vez tiene una mayor presencia en nuestros campos, que no son otras que las derivadas de las “energías renovables”. Viajando por las tierras de España podremos comprobar que, salvo algún recuerdo ornamental, han desaparecido los viejos molinos de viento que molían el grano, pero cada vez hay más gigantescos aerogeneradores para convertir la fuerza eólica en energía eléctrica. Siendo profano en los aspectos técnicos no dudaré de la renovabilidad del invento, pero para facilitar mi acto de fe agradecería que alguien me explicara que la instalación de esas enormes torres, con sus gigantescas hélices que deben ser transportadas de una en una por larguísimos camiones, y el cableado e instalaciones que permitan la conexión a la red eléctrica del molino en nada afecta a la fauna y flora que antes poblaba esos campos y montes.

De igual modo que se me hace difícil entender que los conejos, culebras, insectos y demás especies no se vean afectadas por el cambio de su entrono de campo a “huerto solar”.

En el trasfondo de la cuestión, como tantas veces, lo que hay es un componente puramente económico. Mientras las actividades tradicionales que al principio comentábamos tenían un componente beneficioso para el medio ambiente hoy son poco rentables, cuando no ruinosas, las energías renovables son muy rentables, especialmente contando con el patrocinio estatal que les asegura esa rentabilidad, con el fin de garantizar el abastecimiento energético suficiente tras las restricciones a la energía nuclear, la baja rentabilidad de las centrales de carbón y el freno al crecimiento de la hidroeléctrica. Pero no se puede subvencionar actividades agrarias o el toro bravo, pues ello supondría romper el fair play de la libre competencia. Sería preciso un impulso medioambientalista desde la Unión Europea, para permitir la recuperación económica de algunas de esas actividades tradicionales.

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