Cinco perfiles de futuros empleados públicos robots

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De manera totalmente tentativa se va a presentar una clasificación de las distintas categorías y especialidades en las que podría organizarse un sistema de empleados públicos robotizados:

Robots tramitadores de procesos: representan sistemas de inteligencia artificial que se encargaran de la gestión administrativa de expedientes vinculada al ámbito de tramitación burocrática de la Administración (permisos, licencias, sanciones, recaudación, subvenciones, etc.). También se encargarán de la gestión burocrática interna (gestión económica, gestión de personal, gestión patrimonial, etc.). Representa el campo más clásico de la robótica que conceptualmente será muy parecido al que utilicen las entidades privadas financieras y de seguros, aunque totalmente enfocado a la gestión administrativa de carácter pública. Gracias al blockchain podría revolucionar algunos sectores clásicos de la Administración burocrática ya que algunas tareas de registro o de fe pública podrían externalizarse y ubicarse fuera de la Administración pública manteniendo todas las garantías jurídicas y siendo totalmente transparentes (quizás en el futuro no sean necesarios los registros civiles, ni los notarios, ni los registradores de la propiedad). Los empleados públicos humanos se van a encargar de entrenar de manera continua a los dispositivos de inteligencia artificial para ir introduciendo los continuos cambios normativos. También retendrán las funciones de dirigir el sistema, de controlarlo (detectar y solventar los errores) y, en la medida de lo posible, de simplificarlo.

Robots prestadores de servicios: el abanico de robots de este tipo podría ser muy amplio y agruparía tanto a dispositivos informáticos de inteligencia artificial como robots del tipo humanoide. Además de las funciones clásicas, por previsibles, como conducción autónoma de los transportes públicos o los servicios postales este ámbito de la robótica abrazaría a otros tipos de empleos especializados. Por ejemplo: personal auxiliar, de enfermería y médico en los hospitales. Sistemas educativos de inteligencia artificial. Policía, seguridad (una parte del personal penitenciario), fuerzas armadas robotizadas. Asistentes sociales que asisten de forma ocasional o permanente en los domicilios con ancianos. Asistentes de información realizando funciones de atención ciudadana, conserjería y acompañamiento a los ciudadanos.

Robots de mantenimiento y limpieza: las administraciones públicas poseen un extenso patrimonio propio en inmuebles al que hay que añadir la gestión de los espacios públicos (calles, carreteras, parques, etc.). Es previsible que buena parte de las actividades de limpieza de estos equipamientos y espacios; así como una parte de las actividades de mantenimiento puedan ser asumidos por robots. En este caso no habría diferencias entre los robots adscritos al sector público versus a los robots adscritos al sector privado. Lo que puede ser interesante es en cómo puede afectar la robótica en la externalización de estas actividades. Actualmente, la mayoría de estas funciones la Administración las externaliza a operadores privados, ya que éstos poseen personal especializado con un modelo de gestión más flexible y contingente. Cuando estas tareas las realicen los robots la Administración pública podría internalizar estas tareas, o externalizar solo una parte, o internalizándolas contratando directamente por la vía renting o leasing (o mediante nuevos mecanismos que aparezcan) a los robots. Generalizando esta reflexión se podría afirmar que la inteligencia artificial y la robótica puede alterar de manera sustantiva los mecanismos de gestión directa (internalización) e indirecta (externalización). En este sentido, sería posible que algunos servicios públicos con tradición en la gestión directa puedan ser externalizados. Pero será todavía más probable el sentido inverso: que gracias a la automatización de determinados servicios no tenga sentido su externalización y sean de nuevo internalizados ya que los costes en materia de personal puedan disminuir y, además, se quiera recuperar un control más directo para que los empleados públicos humanos puedan aportar un mayor valor público.

Robots de gestión de redes organizativas (robots “metagobernadores”): robots de inteligencia artificial que se encargarán de dirigir, controlar y evaluar a las organizaciones privadas con ánimo y sin ánimo de lucro a los que se les ha externalizado determinados servicios públicos. Se trataría de unos robots públicos que tendrían como interlocutores a robots privados a los que extraería la información necesaria para desarrollo sus funciones de metagobernador. Este tipo de robots serían novedosos conceptualmente y permitirían suavizar en gran medida los enormes costes de transacción de los sistemas complejos de gobernanza público privada. 

Robots de secretaria y asistentes: los directivos públicos y, por extensión, la mayor parte de los empleados públicos humanos podrían disponer de asistentes personales que les apoyen en tareas de secretaria y de asesoramiento de baja intensidad para que puedan desarrollar de manera más eficaz y eficiente sus tareas. Esta categoría de robots no sería una gran novedad ya que se trataría de trasladar al ámbito laboral los actuales asistentes que hay en los domicilios: por ejemplo, el Google Assistant, el asistente de voz que cada vez está realizando más tareas (por ejemplo, hacer reservas en un restaurante, etc.) y que, con la evolución del Google Duplex, podrá interaccionar con el entorno humano con más facilidad. La evolución de estos sistemas puede auxiliar a los empleados públicos en la realización eficaz y eficiente de muchas de sus actividades. Actualmente hay en el mercado un número muy elevado de asistentes virtuales. Además de Google Assistant podemos encontrar:  Nina (Swedbank), Jibo (asistente familiar), Cortana (Microsoft) Ey Anthena, Siri (Apple), Amazon Echo, Silvia, Braina (Microsoft), Cubo (Amazon), Lucida, Bixby (Samsung), Dragon Go´s, Hound, Aido, Ubikit, BlackberryAassistant, Sher.Pa, Bitext, Sophia o Amalia (un avatar considerado como el primer empleado digital) (Bastida, et al., 2018).

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