Legisladores de corta y pega

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Legisladores de corta y pegaMe consta la preocupación del profesorado de institutos y colegios por el uso y abuso, tan poco imaginativo, que los estudiantes hacen, para sus trabajos, de las herramientas informáticas más comunes. Todos sabemos la secuencia lógica y cronológica: el docente propone una tarea para realizar en casa y la mayoría del alumnado acude al mismo buscador, encuentra la voz adecuada, selecciona texto, lo copia y lo traslada, sin rubor, al folio en blanco donde lo único distinto y original será su nombre y, a lo sumo, el grupo de clase. Conclusión: casi todas las aportaciones que se entregan son iguales y la encomienda no ha servido para instruir al que se limita a transcribir a golpe de ratón. Decepción, relativa por previsible, para el profesor; regañina pedagógica en balde y detección consoladora de alguna “rara avis” que, sin renunciar a los adelantos tecnológicos, ha hecho algo de su cosecha.

Esta historia, que se repite a diario por doquier, a nadie le es ajena como tampoco el recuerdo, aún tan cercano, de cuando teníamos que llenarnos las manos, la nariz y los ojos de polvo y ácaros para hurgar en documentación antigua o encontrar, por ejemplo, una sentencia o un decreto de unos cuantos años antes. Ahora, por fortuna, casi todo es más fácil y accesible, aunque sea a costa de la pérdida de originalidad, ya que todos disponemos de los mismos medios y solemos llegar a idénticos resultados. No saben bien las jóvenes generaciones lo que era aquello hace menos de veinte años, acostumbradas a procesadores de texto y a sistemas de reconocimiento de voz; a almacenamiento de archivos y a trasporte electrónico de los mismos, frente a la rudimentaria máquina de escribir. Artilugio venerable con el que a tantos nos tocó componer temas de oposiciones, tesis doctorales, informes y mil cosas más que no podían guardarse, ni modificarse y que sólo podían reproducirse intercalando papel carbón o, para los que ya tuvimos esa suerte, acudiendo a la fotocopiadora.

Recuerdo esta batalla histórica para valorar mejor el presente y volver al origen de este comentario. El hecho es que, un año sí y otro también, el profesorado de Secundaria suele alertar a padres y madres (creo que lo he escrito de forma políticamente correcta), de esta mala praxis de sus vástagos, a la vez que incita a los referidos progenitores a estar encima y a ser los primeros en cortar estos hábitos tan cómodos como poco edificantes en lo que a formación se refiere.

¿Pero qué va a exigírseles a los padres de las criaturas cuando los padres de la patria practican, consciente o inconscientemente, las artes del corta y pega? Toda la vida se ha hablado de normas influidas por el derecho comparado y bien está seguir la estela de lo que objetivamente es bueno. Eso sí; no está de más reconocer la paternidad o la procedencia de las ideas. Pero es que últimamente pocas reformas, estatales, autonómicas, locales, universitarias y demás contienen dosis apreciables de creatividad genuina. Con la ayuda de los referidos buscadores, la red suele facilitarnos dónde se ha aprobado tal medida que quieren vendernos como novedosa o en qué país o región hay una ley que regula un supuesto campo virgen. Luego, el cotejo entre lo de aquí y lo de allá suele llevarnos a conclusiones desoladoras, ya que al adaptador a veces se le escapa suprimir referencias al lugar de origen o a las peculiaridades exclusivas del mismo. Pero en fin, ya se sabe que en cuanto a calidad normativa no estamos en los tiempos de Alonso Martínez que, para muchos parlamentarios, sólo será una boca de metro.

Un brillante profesor, tempranamente fallecido hace poco, comentaba con mucha sorna que siempre había expresado su respeto y veneración por “el legislador”, por su voluntad, su mente, su espíritu… hasta que había reparado en que el tal legislador era, entre otros, un antiguo alumno suyo, zascandil donde los hubiera, que a base de años de militancia política había conseguido un acta de diputado con la que apretar el botón cada vez que se lo mandaran. Evidentemente, la generalización de tal anécdota llevaría a una descalificación esperpéntica e injusta del sistema democrático, donde no hay que ser sabio para ser un digno representante del pueblo en los órganos que encarnan la soberanía… o la autonomía política. Porque en las Comunidades Autónomas, quizá no en todas, lo de plagiar leyes y reglamentos está a la orden del día. Y hasta, a veces, se reconoce, lo que, como dije, es al menos más honesto. Sin ir más lejos, hace unas semanas, examinamos en mi Departamento una proposición de ley autonómica consistente en un tocho de cien artículos. Pues bien, más de noventa eran, prácticamente, un calco de la ley de una Comunidad, para colmo, limítrofe. Y el resto, muy pocos, estaban sacados de una norma de otro territorio algo más alejado. Por cierto, las leyes de referencia, como habían pasado ya unos años, estaban superadas, singularmente por nuevas Directivas comunitarias, ya que se trataba de un campo muy cambiante. La pregunta es si eso es vida parlamentaria o es buena vida, porque, ciertamente, en estos tiempos poco cuesta encontrar las disposiciones que aprobó el vecino. Luego vendrán los centralistas y nos dirán que para tener diecisiete leyes iguales bastaba con tener un solo Parlamento. Y la cosa no es así, ciertamente, pero tampoco debe parecer que lo es.

8 Comentarios

  1. Lo peor del asunto es cuando se copian normas que encima son malas, desacertadas, chapuceras, ilegales e inconstitucionales, como por ejemplo Ordenanzas contra el botellón, contra determinados tipos de prostitución, contra determinados juegos de los niños en la calle, contra la libertad y/o la cooficialidad lingüística, etc. Pero la cosa no acaba ahí, porque si en España nos hemos distinguido históricamente, no solo por copiar lo de fuera, sino también por copiarlo mal, ahora que las diferentes CCAA se han convertido en una especie de territorios extranjeros, la mencionada chapuza se reproduce igualmente a nivel interno, dentro de las fronteras españolas.

  2. Las nuevas tecnologías son buenas y pueden usarse para obtener modelos, comparar las soluciones a las que han llegado en diferentes lugares y, a la vista de todo, elaborar un texto nuevo y propio, que puede tener ideas sacadas de otros lugares, pero, que se debe adaptar al caso en concreto ¿o eso sólamente es la teoría?

  3. Si realmente el profesorado estuviera preocupado por las supuestas «artes» de corta y pega, entonces, deberían de ocuparse en analizar y reflexionar sobre un sistema educativo que ha privilegiado la imitación y no, la innovación. O ¿acaso los profesores, en la generalidad, son un ejemplo o modelo en la actividad de la investigación y crítica?

    Incluso, a nivel universitario, en las maestrías o doctorados, suele encontrarse en tesis, terribles plagios, pero además, con una carencia total de reflexión. Así, los profesionistas se incorporan a un mundo laboral, donde solamente repiten, lo que se les ha «enseñado» a decir. Sin embargo, su título o su certificación, le manifiesta a la sociedad que son «expertos» en la materia, y por lo tanto, la duda acerca de sus competencia está fuera de lugar. Por ésto, se acrecienta la crisis en las profesiones, médicos que no saben curar y fiscalizadores que ignoran cómo fiscalizar.

    Sí efectivamente, en los legisladores se observa lo mismo, las burdas copias en las leyes, pero el problema se encuentra en un sistema que adolece de impulsar la investigación, la crítica, y la reflexión.

    Y luego, deberíamos de preocuparnos si verdaderamente los profesores se ocupan de alentar la innovación.

  4. Lo peor no es corta y pego,que mi caso concreto existe en este Ayuntamiento.Lo peor es que aprobandose ordenanzas y tasas,estas ni siquiera se aplican.Caso concreto la tasa por ocupacion de la via publica con materiales de construccion,que desde su aprobacion a dia de hoy no se ha cobrado un centimo,o las ordenanzas sobre instalaciones ganaderas que no se cumple.
    pregunto¿el incumplimiento de no cobrar tasas ,puede ser motivo de prevaricaion,puesto que a sabiendas que hay que cobrar ,no se cobra?

  5. En el ámbito del Servicio del Servicio Andaluz de Salud se hizo un corta y pega del decreto sobre jornada de la Administración General de la Junta de Andalucía para implantar la jornada de 35 horas. Nadie se dió cuenta de que en el decreto del SAS exístía un articulito que determina que permisos se computan a efectos de jornada y cuales tienen carácter neutro. Como dicho artículo no existía en la norma de la Junta, y además en la Junta no existe turno rotatorio el resultado fue que al turno rotatorio se le concedieron los días de libre disposición y además hubo que pagárselos como horas extraordinarias ya que deberían habérsele descontado de la jornada anual. La bromita costó una pasta.

  6. El caso que plantea el tocayo está muy generalizado en pequeños municipios. Aparte de la prevaricación que pueda haber, yo veo un delito de malversación de caudales públicos y desde luego una infracción contable por perjuicio de fondos públicos, a sancionar por el Tribunal de Cuentas u Órgano correspondiente de la CCAA.

    La Administración Local quizá no sea la que más dinero público despilfarre en términos cuantitativos, aunque se pueda discutir si hablamos en términos cualitativos; pero desde luego no ha dejado, ni deja de contribuir a la crisis económica general del país.

  7. Francisco Gonzalez,gracias de nuevo.Es exactamente lo que yo pensaba,pues si el resto de vecinos tenemos que pagar nuestras tasas de agua,alcantarillado y demas,no veo porque la ordenanza que aplica una tasa a un servcio municipal no se cobra,de lo contrario,es decir en caso de no cobarse esas tasas yo he propuesto en el pleno que se supriman,incluso sabiendo que a traves de tasas puede el Señor Alcalde subirse el sueldo y doblar la dedicacion parcial de sus concejales

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