Que malo es ser pobre

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Que malo es ser pobre

Hoy es uno de esos días en que a uno no le queda más remedio que hacer ese tipo de trabajo estúpido y ciertamente indigno, de justificar subvencioncillas/cejas que el político de por allí ha tenido a bien, en su sacrosanta magnanimidad, concedernos, penúltimos pero leales súbditos de un territorio descompuesto y me dicen que ordenado territorialmente. Y es que he tenido que emplear una buena parte de tiempo en hacer un papeleo por otra parte absurdo, para cobrar (¿ah, pero lo cobraremos?) una cantidad nada desdeñable: 1000 €. Seguro que esa cantidad nos saca del endémico problema presupuestario y de tesorería que padecemos.  Eso sí, nos lo conceden el 10 de octubre (he de reconocer que la fecha del acuerdo suyo es de 27 de mayo, su escrito es de 26 de septiembre, pero su registro de salida del 9 de octubre…., misterios de las mesas, los registros y los pasillos); tengo que justificarlo antes del 10 de noviembre. Pero es que además tiene que ser el Pleno quien se pronuncie: tiene que aceptarla, ¡cómo no!

Pienso lo mismo que cuando veo a los periodistas en esos programas del corazón que llevan a un famosillo  al plató para ponerlo a caldo: Dios mío, estudiar una carrera de periodismo para acabar preguntando si no es menos cierto que la excuñada del Pedrosín no se le ha visto mirando de soslayo con un porro en la mano al amigo de su amante… pues yo, casi igual: ¡Dios mío, estudiar una carrera de derecho para emplear buena parte de una fría mañana en justificar 1000 € !.

A uno se le escapan las razones por las que se concede tamaña ridícula cantidad pero llega a tres conclusiones:

  1. Los que hacen las normas (léase en sentido amplio, leyes, órdenes, instrucciones, bases) casi nunca las padecen. Empatía cero de los de allí para los que estamos aquí.
  2. Unas cuantas personas probablemente tienen que justificar su trabajo.
  3. El responsable-concedente quiere decir en prensa o publicitar donde sea que las subvenciones han llegado a todos, aunque esto es como la estadística de los pollos (yo como cero pollos tú comes diez pollos: promedio, nos hemos comido cinco pollos cada uno).

Así que, con la cabeza colorada por la sangre que me ha subido, con valor, gran desasosiego por lo improductivo e indigno de la cosa y con una buena dosis de paciencia (el Santo Job en esta situación probablemente se habría suicidado o sería adicto ya a Nervocalm grageas), he preparado la documentación. Eso sí, son confiadillos. Salvo acudir con el DNI en la boca y decir que no tenemos que ver con la muerte de Manolete, lo demás todo (una novedad, si se paga con cheque, hay que enviar un extracto de tu cuenta para demostrar que el ciudadano/empresa lo ha cobrado). Además, certificados de todo tipo y condición, entre otros se exige que sea el Pleno quien acepte la subvención, ante lo cual me pregunto si es que el que ha hecho las instrucciones (por supuesto, vía formulario) desconoce la Ley totalmente, eso que tanto nos exigen que cumplamos a los presuntos-de-todo funcionarios que-no-sean-ellos, o bien simplemente se desea dar publicidad-propaganda en el Pleno para que todos los grupos se enteren de la maravillosa ayuda. Hay que acreditar también que lo que toca hacer es un contrato menor, aprobar un presupuesto-memoria, que se ha cumplido la finalidad, que no se han tenido otras ayudas y, por supuesto, la factura.

Como aquel controlador de pelo canoso que estaba en la torre de control del aeropuerto en la película "Aterriza como puedas" y dice sucesivamente…·"elegí un mal día para dejar de beber…" "… para dejar de fumar…" "… para dejar de esnifar pegamento…" (por cierto, acaba tirándose desde lo alto de la torre al vacío desesperado), puedo decir que elegí un mal mes para quejarme. Igual que mayo es el mes de la Virgen, noviembre es el mes de la justificación de muchas subvenciones (varias de ellas concedidas entre el 1 de septiembre y 15 de octubre).

Como dice un colega: oye maño, por mucha tontada que sea mientras haces una cosa no haces otra. Pues vale, eso es eficiencia. Pero es que me quedo con unas ganas de decirle lo que pienso al cerebrín (?) que planea estas subvenciones….! ¿Y para cuándo una financiación incondicionada, no finalista? Y como dice otro compañero: ¡qué malo es ser pobre!

2 Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo con el comentario.
    Hay una situación peor, que dentro de la propia institución se reparta el dinero por concurso. En la universidad, donde trabajo, sitio ineficiente donde los haya, si te invitan como profesor visitante en una universidad extranjera (algo que está muy valorado desde el punto de vista académico), has de presentarte a un concurso para ver si alguien te da dinero para ir y dar clases, sin cobrar nada y sin que ninguna de tus obligaciones en tu universidad se rebajen. A la vuelta has de dar las clases que no diste. Y el concurso se resuelve cuan ya has ido, estado y vuelto. Con suerte te devuelven el dinero que te ha costado el «capricho», y si no hay presupeusto has ido a trabajar de balde y encima te lo has pagado tú.

  2. los que hacen las normas «normalmente» no tienen los problemas que tenemos el resto. seguro que ellos no llegan cabreados a casa ningún día xq el banco les haya subido la hipoteca 90 euros mensuales que hacen 1000 euros más al año. los que hacen las normas hacen las normas para su propio bien y sin pensar en el resto.

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