El tuit

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«Es cosa mía, o Villacís se ha comido toda una fábrica de bollos y se está poniendo fondona». «Mañana #20N se cumple el 75 aniversario del asesinato de José Antonio Primo de Rivera. Tus valores siguen presentes! Las ideas no se fusilan». «¿Cómo meterías a cinco millones de judíos en un 600? En el cenicero».

Los tres textos anteriores tienen en común que han sido escritos por Concejales en twitter. Y los tres trinos han costado serios disgustos a sus autores, pájaros de muy diferentes nidos. Incluso uno de ellos dimitió como Concejal, otro renunció a su puesto en el equipo de gobierno (recibiendo otras delegaciones como Concejal que siguió siendo) y el tercero simplemente hubo de pedir disculpas, pero se convirtió en trending topic.

Pero estos no son casos aislados, sino que son tres botones elegidos del amplio muestrario que ofrecen las redes sociales. Y si los citamos no es con ánimo de ahondar en ninguna herida, sino de tratar de sacar algunas conclusiones que, esperemos, puedan servir de ayuda a futuros navegantes de la red. Subrayo algunas, pues estoy seguro que habrá un montón de politólogos y expertos en comunicación o en redes sociales que podrán aportar otras más profesionales y sistemáticas, por lo que únicamente se pretende iniciar una reflexión común sobre un problema que siendo sabido, se repite continuamente.

La primera idea que me sugieren algunas de las frecuentes meteduras de pata es que no es conveniente hacer aportaciones públicas al volver de fiesta. Igual que el próximo no será el primer Concejal que deba dimitir o presentar disculpas por ser sorprendido al volante superando los límites de alcoholemia, tampoco es ni mucho menos inédito el tema de un representante de algún partido político que da opiniones subidas de tono en caliente y después tiene que arrepentirse o pedir disculpas su formación política. Sería ejemplo de ello el primer tweet citado al principio.

Otro punto a considerar es que la World Wide Web (WWW) o red informática mundial guarda todo en la memoria. Cierto que cuando queremos que nos lean millones de personas nuestros escritos pueden quedar ignorados por el mundo, pero lo que se publica en Internet puede aparecer al cabo de muchos años. Le ha pasado a muchos políticos en activo que al empezar a tomar protagonismo público los internautas les han descubierto pecados de juventud hechos públicos. Una cosa puede tener gracia en un contexto, pero vista años después, fuera de ese contexto u en otro opuesto, puede ser de mal gusto o inadecuado. Serían los casos de la confesión joseantoniana de quien años después milita en un partido centrista o del chiste burdo de quien pasa a ostentar responsabilidades políticas.

También es importante distinguir lo que decimos en ámbitos privados o públicos. Aunque esto nunca justificará ciertos excesos no justificables ni siquiera en privado, es evidente que no es lo mismo expresarse en la intimidad que en un programa de televisión o radio. No es igual que el sacerdote cuente un chiste en una cena familiar a que lo haga en la Misa dominical. Hasta aquí todo muy claro. Pero cuando se trata de redes sociales la cosa cambia, pues aunque tendemos a distinguir lo que en ellas colgamos para que lo pueda ver todo el mundo o solamente los amigos, lo cierto es que lo público y lo privado, lo particular y lo profesional, suelen acabar teniendo zonas comunes. Si bien los expertos recomiendan que todos tengamos perfiles independientes para un círculo privado y otro profesional o público, la realidad es que muy pocos logran mantener separados ambos al 100 por 100. Ello sin contar con la publicidad que nos pueden dar los “me gusta” o “reenviar” de los amigos.

Asimismo es importante tener en cuenta la posible repercusión de nuestras palabras o actos. Sin llegar al temor a hablar en público, el hecho de tener a otras personas en nuestra presencia hace a la gente comportarse de manera diferente. Por el contrario, la soledad permite ciertas desinhibiciones que hacen bajar la guardia a las personas. Cuando se está solo con el ordenador, la tablet o el móvil se puede sentir subconscientemente el sentimiento de soledad, pero en realidad si se interactúa en Internet se está potencialmente “a la vista” de millones de personas. Y además, como hemos dicho, sin posibilidad de olvido.

3 Comentarios

  1. Discrepo con la interpretación. Ciertamente para los sujetos «tuiteadores» puede representar esa metedura de pata o el final de su carrera política, pero para los ciudadanos es una suerte porque un tuit es como una foto del sujeto. ¿que se puede esperar de alguien que tuitéa, por ejemplo, que los valores de José Antonio están presentes?. Aunque en este país tan esperpéntico que tenemos nunca se sabe, tenemos el «privilegio» de ser de los pocos donde los vecinos estafados vitorean a los alcaldes cuando van a ingresar en la cárcel después de ser condenados.

    • Entiendo y en cierta medida comparto tu punto de vista Javier, pero en los casos de los Concejales de Ciudadanos (tuit de José Antonio) y de Podemos (chiste sobre los judíos) se les juzga fuera de tiempo, por «pecados de juventud». ¡Bendito sea Dios si al adquirir madurez han perdido insensatez! Pero también existe el derecho al perdón y el olvido.
      En cualquier caso lo que pretendo no es valorar si es bueno o malo hoy lo escrito hace años, sino advertir a los navegantes que las palabras se las lleva el viento, pero no las escritas en Internet.

  2. Creo que todo es cuestión de contextos. Aplaudo a quienes muestran abiertamente sus ideas. Son valientes, francos, sinceros. Y eso es una cualidad que hay que ponderar. Prefiero la claridad al fariseísmo, a la mimética según el rumbo del viento.

    Lo dicho queda enmarcado en su tiempo y en su circunstancia. Otra cosa cosa seria manipular el mensaje y su significado,

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