El Presidente del Gobierno ya ha anunciado la fecha de las elecciones generales. Tras consultar a los oráculos, las entrañas de la oca han alumbrado la fecha mejor, el 20 de diciembre. Esto quiere decir que mientras en otros lugares la gente estará enviándose felicitaciones, intercambiando participaciones de lotería, celebrando cenas y comidas navideñas, comprando regalos, y otras actividades navideñas, los Ayuntamientos, a la para que eso, que engalanan las calles, preparan la correspondiente cabalgata de Reyes, etc., han de preparar la intendencia para que los españoles vayamos a votar.

Aunque sea una actividad extraordinaria, la sufrida Administración Local ya está curtida en muchas batallas similares y sabe cómo asumirlo. Lo habitual es que el desarrollo de la jornada electoral, en cuanto al soporte que dan los Ayuntamientos, vaya, rodado, eso sí, con dos condicionantes, que no llegue ningún genio y quiera cambiar todo, ni que se encuentre con que no tiene gente suficiente para dar ese soporte.

Recapitulando, más trabajo que se avecina.

Al margen de lo anterior –aunque los mal pensados verán una intencionalidad electoral y dirán que en paralelo– nos encontramos con la recuperación de moscosos y canosos por los empleados públicos. Dado lo tardío de este obsequio para el año 2015, que provocará una acumulación de días libres de empleados públicos. Lo que determinará una disminución de efectivos en esas fechas, ya que quienes quieran ir a pasar la semana de Nochebuena y Navidad en su lugar de origen pretenderán viajar el 18 o 19 de diciembre, para volver al Ayuntamiento el 28, si la lotería de Navidad no les empuja la retiro anticipado.

En resumen, menos dotación de efectivos personales con el que se contará.

Sobre lo expuesto se une el hecho de que en numerosas poblaciones han llegado equipos de gobierno enteramente renovados, con nuevas ideas y ganas de hacer cosas distintas. Estamos seguros que las celebraciones navideñas no dejarán de ser una ocasión de oro para el lucimiento de propios y extraños. Ello implicará nuevas tareas o diferentes maneras de hacer las ya conocidas, con posible necesidad de aprendizaje o entrenamiento previos, si no con mayor probabilidad de tener que rectificar.

Abreviando, menor tiempo disponible para asumir carga adicional de trabajo.

Sin ánimo de ser agorero, a finales de diciembre ya puede haber inclemencias del tiempo que dificulten la movilidad de los ciudadanos, lo que obliga a los Ayuntamientos a una movilización extraordinaria de gente y recursos materiales.

Rezando por no vernos en dicha circunstancia, posibilidad de más dificultades.

No vamos a valorar que el final de año es época propicia a resfriados, gripes y demás dolencias estacionales que acompañan al invierno.

Como ocurre casi siempre, todo esto pasará inadvertido para la inmensa mayoría de la gente, incluso en el peor de los casos de que concurran como una tormenta perfecta todos los elementos adversos. Y ello es así por la costumbre que ya existe en nuestra Administración Local para asumir lo extraordinario como ordinario, incluso improvisando. No obstante, a pesar de la admiración que la capacidad de improvisación nos produce, es recomendable aplicar la vieja receta de “más vale prevenir que curar”, lo que nos lleva a la imperiosa necesidad de planificar adecuadamente las necesidades de los servicios para esas fechas de esfuerzo extraordinario.

Y recuérdese que la mejor improvisación es la que está largamente entrenada.

2 Comentarios

  1. Como siempre, las reflexiones de Fernando Castro son un buen aviso a navegantes para los responsables de la prestación de los servicios públicos locales, con antelación suficiente a fechas tan cargadas de necesidad de la prestación de dichos servicios por los Entes Locales, con la diligencia debida.

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