Hay una amplia literatura sobre las ventajas de que trabajen personas mayores en las empresas. Las personas mayores aportan a las organizaciones y al trabajo dos elementos muy relevantes: la experiencia laboral y la madurez personal.

Pongamos un ejemplo anecdótico a partir de la película The Intern (El becario), de 2015 protagonizada por Robert De Niro. La historia gira en torno a la sus dos protagonistas, la joven fundadora y directora de una start-up en Brooklyn dedicada a la moda, además de madre y esposa, Jules (Anne Hathaway), y el veterano director de ventas jubilado, de 70 años y viudo Ben (Robert De Niro), reciclado en becario en dicha empresa, gracias a un programa de ayuda para la inserción social. En un principio, Jules acepta a Ben como un trámite para cumplir con las condiciones del programa que su empresa ha impulsado, sin prestarle ninguna atención ni mostrando el menor afecto por su presencia. Pero pronto todo cambia, cuando la joven emprendedora se da cuenta de que Ben es mucho más que un simple anciano con el que cargar en su joven y vivaz empresa, es alguien de quien aprender, en quien confiar, incluso en los momentos más duros, con quien hablar. El argumento es extremo: una persona mayor jubilada procedente de un trabajo fordista con escasa creatividad y profundidad tecnológica va a trabajar como becario en una empresa vanguardista e innovadora que basa su éxito en las tecnologías de la información y en las redes sociales con un discurso disruptivo. Una empresa basada en el uso de la más moderna tecnología en la que se incorpora un jubilado que no sabe ni siquiera utilizar el mail y que jamás ha entrado en internet. Pero en la película suceden situaciones imprevistas: el esfuerzo del jubilado, analfabeto tecnológico, en reciclarse y la aportación de su experiencia vital a complejas tomas de decisiones empresariales. Todo ello permite lograr un clima organizativo menos crispado y mucho más humano, y su actitud ejerce de catalizador para una mayor cohesión dentro de la empresa. Muy pronto, el jubilado, se convierte en un profesional insustituible y de alto valor estratégico para la empresa. Hay tres elementos remarcables a nivel conceptual: la capacidad de reciclaje de los adultos mayores, la experiencia laboral y la experiencia personal:

  • La capacidad de reciclaje de las personas mayores: hay una frase de Koettl (2015) que resume este dilema: «los jóvenes corren más rápido, pero las personas mayores conocen los atajos». Si bien es cierto que las personas mayores son más lentas (en su capacidad para procesar la información), tienen más problemas de salud y gozan de menos memoria, también es cierto que su cerebro tiene la capacidad de compensar la disminución de estas habilidades con un aumento de otras. Además, hay otras capacidades (como la memoria sistemática, el lenguaje y el habla) que mejoran con los años. Se ha demostrado científicamente que las personas jóvenes tienen muy desarrollado el hemisferio derecho del cerebro (capacidad para procesar información), mucho más que las personas mayores. Pero en cambio, las personas mayores con alto rendimiento usan también el hemisferio izquierdo. Es decir, las personas mayores exitosas usan sus cerebros de manera diferente y, al hacerlo, lo realizan tan bien como los jóvenes (Bussolo, Koettl y  Sinnott, 2015). Además, las personas con edad más avanzada, al tener más conocimientos, confían más en la experiencia cuando procesan nueva información. En vez de considerar toda la nueva información en el momento de tomar una decisión, es posible que ellas extrapolen las experiencias pasadas, descartando partes de la nueva información y siendo más eficientes con los datos que poseen y, finalmente, logren tan buenos resultados como los jóvenes que poseen cerebros más poderosos (Koettl, 2015). La conclusión es que las personas mayores pueden conservar casi la misma capacidad de aprendizaje y de reciclaje que las personas jóvenes siempre y cuando estén motivadas para realizar este esfuerzo. No hay que infravalorar la capacidad que tiene el ser humano para buscar vías alternativas para suplir las limitaciones físicas y psíquicas derivadas de la edad o de determinadas enfermedades. Los individuos mayores ante el reto del aprendizaje se comportan como los ciegos, que al no disfrutar del sentido de la vista agudizan el resto de los sentidos y logran, en muchos ámbitos, un desempeño parecido al que pueden tener el resto de las personas. Lo mismo sucede con muchos individuos que padecen dislexia, que logran éxitos académicos y profesionales potenciando  otras capacidades.
  • La experiencia profesional: Suele suponerse que este es uno de los grandes valores de los profesionales con más edad. La literatura suele vincular la experiencia profesional con la denominada intuición experta. Simon, premio Nobel en economía, afirmó que la intuición es en realidad un mecanismo de la memoria (Kahneman y Klein, 2009). Es decir, un mecanismo cognitivo, activo y orientado de la memoria cuando la historia del sujeto le ha permitido llegar a ser un experto que permite una capacidad para interpretar el entorno. La intuición siempre está hecha de la memoria y de asociaciones recordadas. Las personas mayores son expertas y poseen una intuición experta que se manifiesta en las siguientes capacidades (Millieto y Hulton, 1998; Gorriti, 2016: 8): a) Pasado/Futuro: los expertos saben cómo se ha llegado a la situación actual y son capaces de predecir lo que va a pasar (buena capacidad de diagnóstico). b) Visión Global: los novatos no tienen el cuadro completo, sólo ven trozos del cuadro general. Los expertos son capaces de la visión global: las interrelaciones necesarias, a veces resumidas en forma de sistema. c) Observación: Los expertos ven indicios e identifican patrones significativos. d) Tareas eficientes: los expertos no desperdician tiempo ni recursos. e) Oportunidades/Improvisación: Los expertos son capaces de cambiar la forma de actuar para aprovechar las oportunidades. f) Auto-observación: Los expertos son conscientes de su desempeño y son capaces de ajustarlo para que la tarea se realice. f) Anomalías: las personas con experiencia son capaces de ver cuando algo que debería funcionar no lo hace. g) Dificultades de equipamiento: los novatos generalmente confían en lo que dicen los aparatos; no saben cuándo ser escépticos. En definitiva, «como dicen Gore, Banks y McDowall (2015), se trata de llegar a saber los contenidos por los que los expertos ven rápido, aplican modelos mentales profundos, asocian con sentido, realizan simulaciones mentales, son sensibles ante anomalías y cuando no hay suficientemente información usan tácticas eficaces de búsqueda para solventar la incertidumbre» (Gorriti, 2016: 9).
  • La madurez personal: la experiencia vital también aporta un elevado valor en el desempeño profesional. Las personas con edad han vivido todo tipo de situaciones personales (muertes traumáticas, vida en pareja, educación de los hijos, gestión a largo plazo de las amistades, momentos de crisis personal, etc.). Al alcanzar la madurez en la vida y percibir que hay ya más andado que por andar cambian de forma drástica las prioridades, los intereses y los valores. Las personas adultas mayores desprecian las preocupaciones de carácter menor y concentran su energía en los temas realmente críticos e importantes. Además, actúan de forma más suave y más conciliadora ya que no desean perder el tiempo ni invertir energía en temas conflictos evitables que no aportan valor en el trabajo. Las personas mayores, tienen una gran capacidad para hacer conciliable la vida laboral con la vida personal. La experiencia personal implica mayor libertad (Rosillo, 2017).

En definitiva, los profesionales mayores tienen casi la misma capacidad de aprendizaje y reciclaje que los jóvenes, pero además poseen intuición experta y una mayor inteligencia emocional vinculada a su madurez. Poseen mucho más espíritu crítico y mayor capacidad de flexibilidad en el trabajo ya que no tienen nada que demostrarse a ellos mismos y no tienen tanta animadversión al riesgo. Finalmente, suelen ser también mucho más flexibles en su dedicación laboral ya que no tienen tantas responsabilidades familiares  y esto es una ventaja en los trabajos en que hay puntas irregulares de trabajo. En efecto, «Muchos estudios demuestran que a medida que nos volvemos mayores la satisfacción por el trabajo incrementa  y también en la medida que envejecemos, nuestros intereses cambian y nuestra capacidad de aprender se mantiene. Los adultos mayores que trabajan en ambientes favorables son más felices y son más comprometidos que adultos más jóvenes» (Tanco, 2016). El valor del compromiso es muy relevante en las personas mayores ya que no solo pueden enriquecer el trabajo sino además a nivel social. La madurez puede enriquecer también la dimensión pública (desarrollo cultural y de la participación social) y considerar como categoría ética de la madurez la capacidad  y motivación de los adultos maduros para sentir empatía y comprometerse con la sociedad en su conjunto (Rosillo, 2016).

2 Comentarios

  1. Ya sé qu suena mal, pero tengo que resumir mi impresión con una palabra, y utilizaré…: ¡cojonudo! El artículo, por supuesto.
    Pido disculpas a quienes no les haya gustado el adjetivo.

  2. Como persona mayor que soy y funcionaria de la AGE agradezco enormemente este artículo porque efectivamente el valor q podemos seguir aportando al trabajo es enorme y además creo q nos complementamos perfectamente los jóvenes con los mayores, no competimos. Aunque la gran desgracia es q no hay apenas jóvenes en los ministerios y vemos como se está perdiendo el conocimiento y la experiencia adquiridos durante décadas de todos los q se están jubilando sin poder transferir todo ese valor a las siguientes generaciones. Y toda esa experiencia y conocimiento además es dinero q se está tirando literalmente a la basura. Y lo q es peor, que los equipos directivos siguen actuando como si no pasara nada. Una gran desgracia y tristeza.

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