Manuales de buenas costumbres de ida y vueltaSegún «Eldigitalcastillalamancha.es» el Alcalde de Mota del Cuervo, provincia de Cuenca, ha hecho circular entre los vecinos un curioso «manual de civismo» con consejos para mejorar la convivencia que está dando mucho que hablar entre los vecinos de la localidad. Sin embargo, según informa «El Confidencial Digital», la medida no ha tenido éxito.

Parece ser que a los habitantes del municipio no les ha gustado mucho los consejos como «no ser gorrón», «no piropear a las mujeres» o «no rascarse los genitales en público».

Cerca de 3.000 ejemplares de la guía de «buenos modales» fueron repartidos entre los 6.200 habitantes del municipio. Entre los consejos había algunos tan llamativos como «no tocarse los genitales ni ajustarse la ropa interior en público», «no sorber la sopa», «no chuparnos los dedos» o «no limpiarse con las mangas de la camisa».

La iniciativa no ha tenido demasiado calado, según confirman fuentes municipales de Mota del Cuervo, que achacan el fracaso a la publicidad que le han dado algunos medios de comunicación, que se tomaban a broma el documento de 43 consejos para mejorar la convivencia entre vecinos.

Mi primera reacción al vademécum fue la de recordar aquellos inigualables bandos de Enrique Tierno Galván, Alcalde de Madrid  entre 1979 y 1986, año de su fallecimiento, auténticas perlas de un estilo de vida y personal sosegado llevado a la política y vestigio del que, por desgracia, no hay noticias, y de lo que el manual  tenido demasiados seguidores y de los que el manual del Alcalde de Mota del Cuervo distan años luz en cuanto a estilo, moderación, sensatez  y sentido del humor.

No puedo resistirme a recordar algunos extractos de dos de ellos.

En Julio de 1979 decía un bando de la Alcaldía:

«Una de las mayores preocupaciones que atosigan a esta Alcaldía es la de la falta de educación cívica. Hay algunos madrileños que no tienen conciencia clara de que convivir significa tener respeto a la Ciudad y a quienes viven en ella.

[…] Por consiguiente, y para que el cumplimiento de este Bando sea efectivo, se advierte que quienes lo infrinjan serán amonestados por los guardas públicos, y si insistieran en la infracción habrán de abonar la cantidad mínima que prevén las Ordenanzas vigentes, por su imperdonable descuido y falta de educación cívica».

En Julio de 1981 decía otro de ellos:

«Esta Alcaldía Presidencia ha observado que los ruidos de esta Villa y Corte aumentan hasta hacerse intolerables.

Jóvenes sin escrúpulos, que gustan de ostentar prepotencia y mostrarse ante sí mismos y los demás superiores a cualquier norma y acatamiento, vociferan con tal estruendo o producen tales ruidos con las máquinas de correr que llaman motocicletas, que impiden el sueño apacible y reposado que el trabajo cotidiano de nuestros vecinos requiere. Agavíllanse en ocasiones estos jóvenes, por lo común adolescentes, para que el número aumente el estruendo y fortalezca la impunidad de su deplorable conducta».

Es triste comprobar que con el paso de los años los seres humanos no evolucionamos todo lo deseable y que treinta años después sigan siendo necesarios recordatorios, aquellos de Tierno Galván con más enjundia y estos del Alcalde de Mota del Cuervo más escatológicos, para que la ciudadanía mostremos en nuestro comportamiento las más mínimas exigencias de civismo y urbanidad, palabras éstas que parecen en desuso en un país infestado de fans de las Belenes Esteban de turno.

Sin embargo, la ciudadanía, tras entonar el merecido mea culpa por nuestra falta de civismo y urbanidad, también podría editar un manual de buenas costumbres dirigidos a las clases dirigentes, incluidas las empresas de servicios de telefonía, eléctricas de suministros, a los bancos etc…

También la ciudadanía les podría pedir a los destinatarios de de este manual de buenas costumbres de regreso que «no sean gorrones» «que nos piropeen con publicidades engañosas» «que no nos toquen los genitales, ni tan siquiera en privado» «que no nos chupamos el dedo», etc…

En definitiva que no nos engañen tanto y tan a menudo con una impunidad lacerante para el sufrido ciudadano-usuario de a pie.

La última de estas engañifas ha aparecido hace escasos días y parece que ha pasado inadvertida, seguramente porque no afectará masivamente a los contribuyentes.

Supongo que todos recordarán el Plan 2000E que tenía como objetivo fomentar la renovación de la flota automovilística y reducir la emisiones de CO2 ya que se primaba la adquisición de vehículo menos contaminantes,  Plan 2000E que se vendía como una de las medidas instrumentadas por el gobierno para  revitalizar el sector automovilístico que se encontraba en horas muy bajas como consecuencia de la crisis y, así, mantener el empleo en el sector de automoción, especialmente en los concesionarios.

Pues bien, parece que, ahora, los contribuyentes que recibieron ayudas del Plan 2000E el año pasado para cambiar de coche pagarán más este año en la declaración del IRPF, ya que esas cantidades, 500 € del Estado y otros 500 € de las Comunidades Autónomas, se computará como un ingreso que tributará en la tarifa general del IRPF, si bien, ojala que no cambien de idea, los descuentos aplicados por los concesionarios no tendrán tal consideración.

No dudo, en principio, de la legalidad de la medida ya que el artículo 6.2. e) de la Ley 35/2006, de 28 de noviembre, del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas establece que componen la renta del contribuyente las imputaciones de renta que se establezcan por ley.

Pero lo que sí critico es que cuando publicitaron a bombo y platillo las ayudas en ningún momento se dejó ni tan siquiera entrever que las cantidades fueran a computarse a los efectos del IRPF.

Es decir que, como en el caso de los bancos, las medidas gubernamentales de rescate del sector automovilístico son sufragadas, en realidad, por los compradores que, sin duda aprovechando unas ventajosas condiciones, mordieron el anzuelo y adquirieron un vehículo, aunque, posiblemente, de haber conocido lo que se avecinaba, no lo habrían hecho, pero las medallas por los resultados de la campaña se las pondrán quienes no contaron las cosas como eran en realidad.

3 Comentarios

  1. En una Economía de Mercado, el Estado no tiene que ayudar a los sectores «en crísis» (o donde no se gana tanto dinero como antes); pero mucho menos cuando se trata de sectores tan destructivos y dañinos para el Ambiente, como la Industria del automóvil, que produce importantes externalidades negativas para la colectividad y que además no las paga. Si el Gobierno español no se hubiera metido en ese berenjenal del Plan 2000 E, ahora no tendría que andar con enredos, para que paguen los automóviles quienes los compran y no entre todos (vía impuestos). Ya tenemos bastante los españoles con pagar las medidas contra el calentamiento global, cuando a la vez costeamos también las políticas e infraestructuras públicas que lo generan, como las M-30, M-40, etc. o las subvenciones a la ganadería.

    Todo esto me recuerda el gran negocio que hacían dos hermanos de mutuo acuerdo: uno era carpintero y el otro no tenía oficio ni beneficio, pero se le daban muy bien las gamberradas. Este segundo hermano se dedicaba por las noches a romper las puertas y ventanas de madera que había en muchas casas del pueblo donde vivían; y al primer hermano le llamaban para arreglarlo todo y así sacaban un montón de dinero los dos hermanos con la bisoñez de la gente.

    Algo así sucede con nuestros impuestos, pues pagamos a las Administraciones Públicas que subvencionan cosas contaminantes y luego pagamos también a otras Administraciones Públicas para que supuestamente reparen los daños (nótese que aquí pagamos a bastantes más de «dos hermanos» y no solo al hermano carpintero).

    También me recuerda esto a la política de la Iglesia Católica, en contra del aborto, la homosexualidad, los anticonceptivos, el sexo fuera del matrimonio, etc. Y a favor de la castidad, el celibato, la abstinencia sexual, etc. Cuando el Mundo se llena de pobres y desgraciados, ya puede la Iglesia reclutar un montón de gente y recaudar un montón de dinero, para hacer caridad (léase criminalidad), a costa de problemas que ha creado con su doctrina la propia Iglesia, para sustentar su poder sobre la estupidez de la gente.

  2. A menudo suelo quedarme asombrado por la formidable y espantosa capacidad de los hispanos (muy judeocristiana, por cierto), para transformar cualesquiera instituciones (por nobles y elevadas que sean)en beneficio de sus intereses particulares (por bajos y bastardos que sean). Tranquilos que no voy a referirme al TC, a su Presidenta y a la Constitución. Voy a seguir con el tema de más arriba y así podemos ver, como el ingenioso Gobierno del Hidalgo Zapatero, ha sido capaz (sin que se note casi) de convertir el Principio Comunitario Europeo: «Quien contamina paga», en un refrán castizo español: «A quien contamina se le paga».

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