Una de las actuaciones para mí más atractiva que están llevando a cabo las instituciones europeas tiene como estandarte la bella expresión «Conectar Europa». Trata de impulsar, con importante financiación europea, las redes de transportes, de telecomunicaciones y de energía para coser bien el territorio. La integración europea requiere que los países estén sólidamente trabados, que las condiciones de vida de los ciudadanos sean similares y que esos servicios tan esenciales en una sociedad se presten con calidad, que disminuyan las grandes brechas y diferencias ahora existentes entre los ciudadanos europeos dependiendo de dónde residan.

La actividad que mana de esta política europea es frenética pues son muchos los objetivos a conseguir. Con satisfacción advertimos cómo se dan significativos pasos.

Así, entre otros, el Parlamento Europeo acaba de aprobar en su sesión plenaria de este mes de septiembre la propuesta para impulsar las redes inalámbricas de alta velocidad en los pueblos y ciudades. La iniciativa se denomina WiFi4EU y pretende facilitar el acceso a la Red a través de puntos instalados en lugares públicos, como parques, bibliotecas, plazas, centros de salud.., un acceso que, además, será gratuito para los ciudadanos.

La Comisión Europea ha apuntado que la financiación europea alcanzará los 120 millones de euros; que las convocatorias se publicarán a finales de este año con el fin de que las localidades presenten sus solicitudes; que la tramitación será sencilla y el procedimiento administrativo reducido a la mínima simplicidad; que los criterios de adjudicación de las ayudas atenderán al orden de petición así como a la carencia de redes inalámbricas cercanas ya sean públicas o privadas…

Produce contento leer esta información parlamentaria que retoma un antiguo empeño mío. Por ellas aposté hace ya mucho tiempo en mi libro “Redes inalámbricas municipales. Nuevo servicio público” (Marcial Pons, 2005) dónde defendí el impulso de algunos Alcaldes que pretendían facilitar el acceso a Internet a los ciudadanos a través de los propios servicios inalámbricos municipales y que, sin embargo, se encontraban con todo tipo de obstáculos levantados por la entonces Comisión nacional de telecomunicaciones.

Hoy, desde las instituciones europeas, se quiere sembrar por toda Europa esos puntos de acceso de calidad WiFi4EU.

Hay que saber, no obstante, que el procedimiento legislativo que dará la suficiente cobertura a estas actuaciones no ha concluido. Han informado ya el Comité económico y social y el Comité de las Regiones. Y el Parlamento Europeo ha aprobado la reforma en primera lectura, pero las reuniones en el Consejo de ministros todavía se suceden. En la última, que ha tenido lugar el pasado 26 de septiembre, tres países han manifestado que no apoyan tal propuesta con el argumento de que se desconoce el impacto que puede originar en la competencia de los mercados de telecomunicaciones así como en el despliegue de la red de última generación, conocida como red 5G. Es cierto que se trata sólo de tres y que no conforman una minoría de bloqueo. Sin embargo, es triste saber que uno de esos tres es España.

Apelo, desde esta tribuna propicia, a la Federación española de Municipios y Provincias para que sea consciente de este debate y se haga presente en él. Que defienda la llegada de esos fondos tan necesarios en muchas localidades donde no existe acceso a Internet o el que existe es de muy pobre calidad; que defienda el establecimiento de puntos de acceso en los parques y plazas para el acceso de vecinos y turistas… En fin, que no pierdan los pueblos y ciudades españolas ese hilo dorado de recursos económicos ya que de conexiones inalámbricas hablamos.

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