Proliferan los referendos por toda Europa. Los hay de alcance muy amplio como es el que se va a celebrar en el Reino Unido para que la ciudadanía se pronuncie acerca de la permanencia o la salida de este país de la Unión Europea. Los hay de menor alcance pero cuajados de significación: el ejemplo mejor es el de Holanda destinado a averiguar la opinión del votante sobre el Tratado o Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Ucrania. Los gobiernos de Hungría y Polonia anuncian, por su parte, otros y no sería de extrañar que, si triunfara la opción de la separación del Reino Unido, otros Estados se apuntaran a formular consultas de esta naturaleza, tal como ha pronosticado -temiéndolo- el propio Presidente del Parlamento Europeo.

¿Es esto bueno o malo? A mi juicio, malísimo. Y ello porque el referendo no es, a salvo lo que luego voy a señalar, un instrumento de la democracia sino un instrumento de la demagogia. Es decir, un instrumento que se pone en manos del ciudadano para pronunciarse acerca de una cuestión que, por su complejidad, dificílmente puede valorar en su cabal integridad. Tuve la oportunidad de estar presente en el Parlamento europeo (cuando aún era diputado) en la ceremonia de firma del Tratado citado con Ucrania. Eché un vistazo a su contenido y puedo asegurar que entendí muy poco. Pues bien, es ese documento lo que los holandeses -en realidad muy pocos holandeses- han evaluado para concluir que es inaceptable.

No entro, porque no es función probablemente de este Blog, en el análisis de la importancia política que ese Tratado tuvo y tiene. Lo que quiero señalar y enfatizar es que el referendo es un recurso que gusta mucho a los dictadores y así durante la dictadura franquista no había eleccciones pero sí referendos. Es más: una de las Leyes fundamentales, el sucedáneo de Constitución de aquel régimen, era precisamente la que regulaba el referéndum nacional. Y Hitler sometió a referendo la anexión de Austria a su Reich y de la misma forma se hizo con el territorio de la cuenca del Sarre por el mismo dictador alemán.

¿Quiero decir que estoy por completo en contra de los referendos como forma de pulsar y conocer la opinión del pueblo llano? En absoluto, soy partidario de los mismos siempre que se cumpla una condición: que el ciudadano disponga de todos los elementos de juicio y de conocimiento para emitir su voto.  Por eso aplaudo el referendo en el nivel municipal porque los Ayuntamientos, en cuestiones importantes pero fácilmente comprensibles, auscultan la opinión ciudadana por esta vía. Ejemplo: ¿nos gastamos el dinero en unas instalaciones deportivas o en una escuela de música?

Reforzar así, en el ámbito local, la democracia representativa es un acierto porque la robustece. Esta es la razón por la cual tales modos están sembrando las legislaciones de países con democracias más maduras y ventiladas que la nuestra como es el caso de la alemana. Así, en ese país, están proliferando las consultas vecinales para aplicarlas a asuntos tan modernos y controvertidos como son las llamadas “remunicipalizaciones”, unas operaciones estas que están dando un vuelco a la un poco atolondrada política liberalizadora que hemos vivido en las últimas décadas.

Conclusión: sí rotundo al referendo planteado por un gobernante que se toma en serio a los ciudadanos preguntándoles algo que pueden contestar honestamente y sin necesidad de superar varios cursos y seminarios. No rotundo al referendo cuando el gobernante lo utiliza para dar el gato de un gatuperio político por la liebre de la democracia rectamente entendida.

 

 

 

 

 

1 Comentario

  1. Ya lo dicen, que cuando la política entra por la puerta, el Derecho sale por la ventana. Para muestra este “artículo”, impropio de un blog jurídico y de un jurista profesionalmente reconocido como es su autor.

    Qué gran muestra de brillantez, traer a colación al nazismo para desacreditar a quien defiende una opción política contraria al a propia. Felicidades por esta muestra de ingenio inaudita.

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